viernes, 18 de mayo de 2012
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Y yo que no me acostumbro a recuperar la ropa y perderte a ti. Ya no emergen las sonrisas naturalmente de este lugar tan lógico, me descubro aferrada a una almohada que no logra tener tu olor ni tu espesor. La aprieto fuerte como a mis ojos, rehusándome a obedecer al general que me anuncia es de mañana. Casi contra mí misma me obligo a deslizar mis plantas sobre la superficie de la alfombra cuya vida ha sido mala, siento sus arrugas y el roce antagónico de tu recuerdo. Me pierdo en cada una de sus fibras sin saber a dónde me dirijo ni por qué. Heme aquí desconociéndolo y escuchando a una voz que me despierta en medio del recinto de trabajo. No estoy aquí.
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