No suelo hacer comentarios contra el gobierno en turno,
porque siempre hace falta más construir que destruir. No alcé la voz ni cuando
atacaron al gremio al que pertenezco.
¿Qué pasó ayer, Señor Presidente? ¿Cómo le explica a la
niñez que vivimos en un país en el que debemos poner “pecho a tierra” para
continuar con vida? ¿Cómo le explica al país que usted también está “pecho a
tierra”?
¿La vida de los ciudadanos está por encima de la captura de
cualquier delincuente? Es correcto. Lo que no es correcto es iniciar un
operativo improvisado e incapaz de concluirse ante un gobierno incompetente,
porque además de confirmarlo, le estamos gritando al mundo que lo somos. No fue
un error liberarlo, fue un error capturarlo en primera instancia.
No se rinde una declaración diciendo que se trató de un
hecho fortuito, para disculparse con el narco.
Se habla de frente y con verdad, como ha venido pregonando.
Se hace y se intenta en la medida de las posibilidades, porque a los soñadores
también nos pegan las realidades. Como ayer.
Hoy me apena la situación de seguridad nacional, las manos
dobladas y el pueblo igual de errante que siempre, ante la incertidumbre.
No es el patio de mi casa el que está en llamas, ni mi
familia se encuentra rendida en el suelo, pero duele igual, avergüenza lo mismo
y evidencia mucho más.