viernes, 4 de diciembre de 2009

mundo de hombres

Desde pequeña fui educada privilegiadamente como hombre, porque en esos tiempos así fue y sigue siendo en cierto modo; mi repertorio incluía partidos de futbol a escondidas de mi madre, aguantar golpes, caídas, esconder raspones, patinar, andar en bici libre por el barrio; mis mejores amigos siempre hombres, manejar a corta edad, llegar primero que todos, no permitirme fallar en los deportes, ropa cómoda, poco femenina, excluí por completo las faldas, los holanes que tanto me picaban y terminé por odiar, sobre todo en los calzones que a mamá parecían hacer muy feliz, las muñecas me gustaban pero sólo para educarlas y cuidarlas, no quería peinarlas, ni vestirlas, me atraían los carritos, los balones, los pantalones aguados, los cintos con letras, las camisetas tres tallas arriba de la mía, y no sólo me convertí en fan de todos estos artículos masculinos, también me declaré fan del sexo masculino en general, me encantaban los niños, el tiempo con ellos, hacer lo que les gustaba y mientras el cúmulo de niñas se ocupaba en llamarme machorra y contemplar a sus amores platónicos desde las bancas en cada partido, yo estaba ahí en medio de ellos, pasándoles el balón y enamorando al que me gustaba.

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