Es esto precisamente lo que me impide quererte: dependencia.
¿Y de qué dependo?
De tu presencia,
de tu querer,
de tu expresión,
de tu paciencia,
de tu incoherencia,
de tus arranques,
de tus peleas,
de sus relativas conciliaciones,
de lo que quiero y de lo que no,
de tus palabras que quisiera que fueran otras,
de las canciones que no me cantas,
de los poemas que no me escribes,
de las palabras que no me dices,
de aquellos besos que me pediste,
de tus olores,
de mis rencores,
de mi cabeza recostada en tu regazo,
de aquel abrazo,
de tus orejas irregulares,
de tus ojeras inseparables,
de los hoyitos que hay en tu cara,
de aquellas imperfecciones que parecen tan exactas,
de tu miopia que hace a la mía compañía,
de tu existencia junto a la mía.
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