jueves, 24 de julio de 2014

Donde no existes, pero siempre vives.


Cuando más lejano parecía encontrarlo, llegó una tarde. Una tarde de manchones rojos, amarillos y morados, con sus respectivos medios como los que no me gustan. El cielo se puso guapo, como tú. Apareció con cara de sonrisa grande y agujeros hondos, te encontré en uno, dos, tres y cuatro abrazos, pequeños y grandes. Me supiste a risa, a grito, a baile. Me supiste a todo. El corazón brinca para avisar algo, creo que te está anunciando.

Me senté, escuché los ruidos volviéndose música, esa que no entiendo. Me puse de pie y llené de tierra a los que me sostienen, y bailaron sin sentir vergüenza. Vi hasta el fondo de ojos brillantes, me perdí, encontré pieles quemadas por esos manchones que adornan arriba. Me encontré. Y así muchas veces.

Te sentí, nos entendimos, me quedé ahí. Te escuché y me despertaste, había que dejarte. No existe motivo para abandonarte. La razón se va en los momentos tuyos. ¡Que se largue!

Te encontré donde no existes, pero siempre vives. En el momento y lugar precisos. Precisos por indispensables, por esa imposibilidad de cambiarles por otros. Ahí, en ella, te encontré para no negarte. El amor existe.

domingo, 6 de julio de 2014

Carajos.

Limpié la casa, sacudí las esquinas, me ayudaste, lavamos los pasivos de la mesa, restregamos los activos, me hiciste falta, seguí pensándote, te lloré, estuve sola y tan acompañada, confundí un abrazo  con el otro, pero el tacto no me engaña; la voz no es la misma, me sigues haciendo falta ¡carajo! ¿Por qué no me abandonas de una buena y caraja vez? La confusión me mata, me atormenta con tus ausencias tan presentes en momentos tan precisos. Me conoces las debilidades en punto de la hora exacta al olvido.
Tu detector de voces quietas y lejanas lo has dejado activado sola y únicamente en caso de que ocurriera, si no... Tendrías que ahorrarte la molestia.

¡Carajo tú, caraja yo!

Hablando de nada.

Cómo te cambia el lunes, el martes y hasta aquel pinche miércoles 3 de octubre, con las noticias que se te acaban el 4 y sigues pagando el 5, 6,7...
Tengo las palabras ahogadas como el alma, como el saco que nadaba en mis entrañas y terminó por también abandonarme.
No me entiendes y no espero que lo hagas, no es tu parte, sufro sola porque así ha de tocarme.

viernes, 4 de julio de 2014

Al que no existe.


(Antes que nada has de saber: Me gustan los imposibles ajenos, por imaginarios.)


Aclarado lo anterior, al que no existe le digo:
Quiero escuchar tu risa que combina con la mía. Quiero leerte y que me leas, que nos entendamos en aquel idioma nuestro. Recordarte en la cocina que nunca fue la misma; en cada espacio que, sin querer, fue tuyo pero también fue mío.
Necesito que escuches mi día y así entender tus quejas. Vamos a ensalzarnos las locuras mutuas, a deshacer corduras y a construir lo que queramos juntos.
Te ofrezco inestabilidades gratas, amor a dosis grandes, incertidumbre a veces y mis demencias siempre.
Te ofrezco no aburrirte y que viajemos siempre, que nos quedemos intencionalmente.
Te haré propuestas insultantes a la rectitud que en ocasiones pretendes. No las rechaces, no habrá un segundo para que te arrepientas.
Y el día en que decidamos amarrar lo inamarrable, habremos de lamentar no haberlo decidido antes, habremos de sentirnos libres finalmente.
Te ofrezco amarte y que me ames, o que me quieras y yo te quiera, o que inventemos una palabra para eso de ser y de estar felices.
Confieso detestar las confesiones y más a quien no existe.

P.D. Renuncio a la felicidad a medias, y a la estabilidad que aburre. No habrás de cuestionar ésta, ni las demás manías. Ya me conoces...No me llevo bien con la cordura.


La que sí existe.