Limpié la casa, sacudí las esquinas, me ayudaste, lavamos los pasivos de la mesa, restregamos los activos, me hiciste falta, seguí pensándote, te lloré, estuve sola y tan acompañada, confundí un abrazo con el otro, pero el tacto no me engaña; la voz no es la misma, me sigues haciendo falta ¡carajo! ¿Por qué no me abandonas de una buena y caraja vez? La confusión me mata, me atormenta con tus ausencias tan presentes en momentos tan precisos. Me conoces las debilidades en punto de la hora exacta al olvido.
Tu detector de voces quietas y lejanas lo has dejado activado sola y únicamente en caso de que ocurriera, si no... Tendrías que ahorrarte la molestia.
¡Carajo tú, caraja yo!
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