domingo, 22 de noviembre de 2009

PROSCRITO

Estoy en la trinchera una vez más,
Callada, muy callada…
Apretándome los ojos para no sentirte;
Propicié cada momento para verte,
Y ahora estando aquí donde quería,
Con tus ojos que despojan a mi cuerpo con mirarme,
Me acobardo, pero me hago de coraje y osadía;
Sigue mirándome así, lo estás logrando,
Mis manos que ya sienten, se deslizan por tu pelo;
Se acostumbran al calor que me estás dando,
Acércate, sin miedo, que no hay nada que perder,
Me permito encausarte hacía mis senos,
Tez bermeja o colorada,
Con tus labios agitados y atrevidos,
Se combinan con las ansias del momento,
Ansia tuya y ansia mía, necesarias para dos,
Estos dos desarrapados de la vida;
Te veo con los ojos que mostraste a tu llegada,
Me convenzo, te acaricio y terminamos anudados,
Tus manos en perfecta ubicación sobre mi pelvis,
Tu boca consagrada a cada espacio abandonado,
Mi cadera en movimiento inexorable y complaciente,
Llenando de vehemencia nuestros nichos,
Liquidándole la deuda a aquel deseo reprimido;
Tendidos, envueltos y enlazados nos quedamos,
Respirándome despacio al oído, algo murmuras;
Nos miramos, nos callamos y nos vamos.

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