Del sur vengo,
De la desgracia del pueblo,
Vengo de la pobreza vociferada,
De la ignorada.
Del sur vengo,
De la sierra verde y mojada,
Vengo de la artesanía constante,
De las azucenas moradas.
Al norte voy,
A donde está la esperanza,
Voy a encontrarme un futuro,
A donde está la matanza.
Al norte voy,
A aquel desierto caliente,
Voy agarrando camino
A la nostalgia valiente.
Del norte vengo,
Con la camisa mojada,
Con el anhelo muerto,
Sin ilusión ni morada.
Del norte vengo,
Con un menos que un más,
Con los zapatos rotos y enfermos,
Sin Bernabé ni Tomás.
miércoles, 16 de junio de 2010
jueves, 6 de mayo de 2010
Crónica de la Cachikermesse
El pasado 25 de abril amaneció temprano y soleado, como domingo de fiesta, se escuchaban las campanas que anunciaban la primera misa del día, de la parroquia de San Pablo en la Rivera Campestre, cuando los tíos de Cachiverano ya se encontraban presentes en el parquecito central, acomodando sus puestos para la gran celebración que nos une a los Cachiveranos de Mexicali.
Por segundo año consecutivo la llamada Cachikermesse transcurrió contenta y plena, con la participación de tantos. Ésta se hizo posible gracias a todos, desde niños de las escuelitas de tareas, de la colonia misma, familias de tíos, coordinadores, hasta gente que pasaba por ahí y se detenía a comer tostadas, carne asada o simplemente para disfrutar del canto, baile, demostraciones de Tae Kwon Do y por su puesto la Caravana de la Alegría que no podría faltar a esta gran fiesta.
Así, entre bodas que el registro civil (a cargo de los jóvenes Sensi ) festejaba y arreglaba, las paletas de la Soli, los churritos del Sansón, y la alegría de la gente se hizo posible esta kermesse que nos recuerda el gran amor con que habremos de celebrar la fiesta grande de Julio.
Un “gracias” grande para los que apoyaron en este evento y que estuvieron presentes, en especial a los tíos, por su cooperación y esfuerzo, pero sobre todo por el cariño de convivir y pasar la tarde juntos pensando en todos aquellos pequeños a los que toca el Cachiverano.
¡Sigámonos divirtiendo, conviviendo y aprendiendo!
Por segundo año consecutivo la llamada Cachikermesse transcurrió contenta y plena, con la participación de tantos. Ésta se hizo posible gracias a todos, desde niños de las escuelitas de tareas, de la colonia misma, familias de tíos, coordinadores, hasta gente que pasaba por ahí y se detenía a comer tostadas, carne asada o simplemente para disfrutar del canto, baile, demostraciones de Tae Kwon Do y por su puesto la Caravana de la Alegría que no podría faltar a esta gran fiesta.
Así, entre bodas que el registro civil (a cargo de los jóvenes Sensi ) festejaba y arreglaba, las paletas de la Soli, los churritos del Sansón, y la alegría de la gente se hizo posible esta kermesse que nos recuerda el gran amor con que habremos de celebrar la fiesta grande de Julio.
Un “gracias” grande para los que apoyaron en este evento y que estuvieron presentes, en especial a los tíos, por su cooperación y esfuerzo, pero sobre todo por el cariño de convivir y pasar la tarde juntos pensando en todos aquellos pequeños a los que toca el Cachiverano.
¡Sigámonos divirtiendo, conviviendo y aprendiendo!
martes, 6 de abril de 2010
Domingo de Pascua (el cuatro del cuatro del diez)
Domingo, uno de esos en los que se levanta con el ánimo bonito, de festejo, de resurrección para algunos, domingo de Pascua (en singular y en plural), de rojo, de fiesta, de conejos y cascarones, de chocolate, carne asada y de familia, uno soleado, de bosque lleno de personas festejando entre animales y asadores encendidos, de cervezas escarchadas, de fin de vacaciones para muchos, de regresos, de peajes, así pues era un domingo que pintaba largo y corto.
Con el pie en la regadera acelerado por la emoción de reunirnos pronto, así se llega a la casa de la abuela, con sonrisas, con palmadas, abrazos y rostros fotografiados para el recuerdo, porque hay veces que ya se ven las distancias cortas hacia el cielo, así reunidos y en desacuerdo, había que encontrar el punto exacto para comer, término medio, aquel que tal vez no sea el favorito de muchos pero que tampoco desagrade a ninguno, ahí estaba inmutable el restaurante de comida china recurrido por nosotros semanalmente sin falta, la fidelidad se hacía presente, aunque con mi abuela en casa, decidió quedarse a descansar, así que sólo habíamos unas quince personas en torno a la mesa, comiendo más aceleradamente que de costumbre, con las críticas de siempre presentes, los chistes buenos y malos, el pásame esto y aquello riguroso, todo transcurría normal, excepto el tiempo.
Salimos y mientras unos se detenían a ver hacia los escaparates, yo llevaba a mi tía abuela hacia el carro, la tía Conchita, que ya se carga sus noventa años, la senté y la abroché delicadamente, cerré su puerta, mientras los demás continuábamos abajo y mis hermanos con la tía Irma seducidos por los aparadores ya se había introducido en uno de los establecimientos, de colchas y artículos para la casa, entré y en tono de regaño chistoso les dije “Oigan… ¿se van o se quedan?” entre refunfuñas salieron de la tienda y justo en ese momento tembló la tierra, y el anuncio de alguien no se hizo esperar, aunque todos ya lo hubiésemos notado, estábamos ahí en un estacionamiento, sin cables encima, en el lugar más seguro para todos, parados y estremecidos con el rostro de incertidumbre, de desamparo, y es que estando ahí parados el tiempo transcurrió lento, mucho más lento, el llanto de un niño y mi consuelo disimulado de certeza, de la misma que había perdido hacia ya varios segundos, parecía la tarde que había de quedar sin futuro, la tarde del desencanto y de muerte colectiva, podría ser muchas cosas esa tarde, aun había sol y nos sentíamos tan a la expectativa de las posibilidades que había y que eran muchas, pensábamos en las mejores y nos llenábamos de las peores, entre murmullos se oía un “Dios nos cuida” constante, un “ya va a acabar” tan eterno. Estábamos tambaleantes, inseguros, convertidos en minúsculos pedazos bajo el cielo y la tierra que mandaban, me sentía tan poca cosa, tan pequeña y en el fondo me decía aquí se acaba, aquí termino, y tenía que ser ahí, si alguien sobrevivía debía reírse de que nosotros hubiésemos terminado en una comida china precisamente, así fue aquel minuto eterno, de pensamientos constantes, de abrazos apretados, de oración permanente, de carros estacionados en movimiento, de alarmas, de caídas, de llanto, de cristales rotos y de lugares y momentos precisos, exactos, calculados a la perfección para salir sin un rasguño.
Los siguientes minutos le seguirían iguales, lentos, de desazón, de indefensión, de sirenas constantes, de la histeria colectiva, de incidentes de tránsito, de incendios, de bomberos desorientados, de rostros desencajados, de familias abrazadas y poniéndose a salvo de lo que podría o no venir, hacía apenas unos minutos nadie esperaba la sacudida, ahora estábamos alertas, en pánico, que si las réplicas, que si era sólo un aviso para el grande, para el bueno, ese ya era lo suficientemente grande y calculábamos aproximadamente las intensidades, incrédulos, nadie está realmente preparado para sentirse así de vulnerable, por más agua, alimento, gasolina y rutas de evacuación, la mente, el sentimiento, la persona no está lista para esto.
Tantos carros en la calle, ningún lugar contaba con electricidad, no había semáforos que funcionaran, había caos y líneas telefónicas saturadas, incomunicación que siempre arrastra la desesperación, filas y rutas alternas, gente en los parques, mucha, adultos intentando permanecer así…adultos.
Llegué a casa, puertas de cercos abiertas, animales sueltos y buscando el consuelo de los suyos, la confusión no había sido sólo humana, el temor se había expandido entre mascotas y seguro que algún árbol también habrá pretendido amarrase más allá de sus raíces, así entré con el temblor de las manos, parecía mentira que hacía algunas horas uno podría haber estado en una playa construyendo algún castillo o paseando un papalote, que había sido un sábado de gloria, que hacía sólo unos momentos el domingo familiar, transcurría normal para una ciudad entera y para el estado, ahora había sed de información y de algunas palabras de aliento.
Entre una barda caída, escombros y tanques de gas tirados, la casa permanecía inalterable, hacia afuera por lo menos, al entrar había caos y vidrios por todas partes, muebles, agua, comida, cuadros, todo estaba en el piso, apenas podías dar paso, había tristeza derramada por los muebles, aún que todos estábamos con vida y saludables, te hacía pensar en otros daños, en los otros, cómo estarían tus vecinos, tus amigos, tus parientes, cómo sería aquel día, qué más habría de esperarnos.
Momentos eternos y cruciales, de acercarse a las tomas de gas para cerrarlas, de apagar fusibles y de no ver nada, momentos de decisiones. Y se acabó la tarde pronto, sin luz en unas cuantas horas, que sirvieron para intentar o lograr comunicarnos con unos cuantos de “los nuestros”, llegó la noche sin electricidad, sin luz, al desamparo, sin agua, noche de malandros vigilantes, noche de trabajo para vándalos, había establecimientos desolados y sin cristales, blanco perfecto para robarles, había mercados que hacían lo suyo con plantas generadoras de emergencia, resistieron hasta que se agotó el combustible, y es entonces cuando uno maldice el no poder llenar el tanque, el andar en la rayita de cincuenta en cincuenta.
Fue entonces noche de parques llenos, de campamentos extendidos por la ciudad, de personas que dormían en sus carros alejados de los cables y edificios, noche de lotes baldíos, de sacudidas constantes que nos ponían alertas y nos negaban el sueño, fue una noche de nostalgia, de sillones y tendidos en el suelo, de baterías agotadas, de lámparas olvidadas y veladora encendida, de oración, de plática cercana al del cielo, de calmarse, de compras desesperadas, de garrafones que necesitaban ser llenados, fue la noche sin sueño pero llena de cansancio, noche en vela y de esperanza.
La mañana tardó en llegar como nunca antes, parecía haberse cobrado el tiempo de las noches de farra que transcurren prontas y aceleradas, no terminaba, sacudía y se establecía, se acomodaba.
Finalmente se dignó a aparecer el sol, y nos amaneció temprano aunque tarde, los servicios volvieron en algún sentido, y las ganas del restablecimiento con ellos. Las familias se acomodaban y acostumbraban al miedo, a volver a tomarle confianza a la tierra que nos había gastado una buena broma en la tarde, la Pascua transcurrió distinta e inolvidable, el cuatro del cuatro del diez. Con la pregunta constante de saber si está temblando, de recuperar horas de sueño, de limpieza, de escombro, de lamentos y agradecimientos por la vida, de quejas y complacencias, de volver a la música y a convertir lo vivido en recuerdos. Días de recuentos, de daños, de narraciones, de abrazos más apretados que de costumbre, de saber cómo lo pasaron, días que le siguen, días constructivos y reconstructivos, de sonrisas posteriores a la Pascua.
Con el pie en la regadera acelerado por la emoción de reunirnos pronto, así se llega a la casa de la abuela, con sonrisas, con palmadas, abrazos y rostros fotografiados para el recuerdo, porque hay veces que ya se ven las distancias cortas hacia el cielo, así reunidos y en desacuerdo, había que encontrar el punto exacto para comer, término medio, aquel que tal vez no sea el favorito de muchos pero que tampoco desagrade a ninguno, ahí estaba inmutable el restaurante de comida china recurrido por nosotros semanalmente sin falta, la fidelidad se hacía presente, aunque con mi abuela en casa, decidió quedarse a descansar, así que sólo habíamos unas quince personas en torno a la mesa, comiendo más aceleradamente que de costumbre, con las críticas de siempre presentes, los chistes buenos y malos, el pásame esto y aquello riguroso, todo transcurría normal, excepto el tiempo.
Salimos y mientras unos se detenían a ver hacia los escaparates, yo llevaba a mi tía abuela hacia el carro, la tía Conchita, que ya se carga sus noventa años, la senté y la abroché delicadamente, cerré su puerta, mientras los demás continuábamos abajo y mis hermanos con la tía Irma seducidos por los aparadores ya se había introducido en uno de los establecimientos, de colchas y artículos para la casa, entré y en tono de regaño chistoso les dije “Oigan… ¿se van o se quedan?” entre refunfuñas salieron de la tienda y justo en ese momento tembló la tierra, y el anuncio de alguien no se hizo esperar, aunque todos ya lo hubiésemos notado, estábamos ahí en un estacionamiento, sin cables encima, en el lugar más seguro para todos, parados y estremecidos con el rostro de incertidumbre, de desamparo, y es que estando ahí parados el tiempo transcurrió lento, mucho más lento, el llanto de un niño y mi consuelo disimulado de certeza, de la misma que había perdido hacia ya varios segundos, parecía la tarde que había de quedar sin futuro, la tarde del desencanto y de muerte colectiva, podría ser muchas cosas esa tarde, aun había sol y nos sentíamos tan a la expectativa de las posibilidades que había y que eran muchas, pensábamos en las mejores y nos llenábamos de las peores, entre murmullos se oía un “Dios nos cuida” constante, un “ya va a acabar” tan eterno. Estábamos tambaleantes, inseguros, convertidos en minúsculos pedazos bajo el cielo y la tierra que mandaban, me sentía tan poca cosa, tan pequeña y en el fondo me decía aquí se acaba, aquí termino, y tenía que ser ahí, si alguien sobrevivía debía reírse de que nosotros hubiésemos terminado en una comida china precisamente, así fue aquel minuto eterno, de pensamientos constantes, de abrazos apretados, de oración permanente, de carros estacionados en movimiento, de alarmas, de caídas, de llanto, de cristales rotos y de lugares y momentos precisos, exactos, calculados a la perfección para salir sin un rasguño.
Los siguientes minutos le seguirían iguales, lentos, de desazón, de indefensión, de sirenas constantes, de la histeria colectiva, de incidentes de tránsito, de incendios, de bomberos desorientados, de rostros desencajados, de familias abrazadas y poniéndose a salvo de lo que podría o no venir, hacía apenas unos minutos nadie esperaba la sacudida, ahora estábamos alertas, en pánico, que si las réplicas, que si era sólo un aviso para el grande, para el bueno, ese ya era lo suficientemente grande y calculábamos aproximadamente las intensidades, incrédulos, nadie está realmente preparado para sentirse así de vulnerable, por más agua, alimento, gasolina y rutas de evacuación, la mente, el sentimiento, la persona no está lista para esto.
Tantos carros en la calle, ningún lugar contaba con electricidad, no había semáforos que funcionaran, había caos y líneas telefónicas saturadas, incomunicación que siempre arrastra la desesperación, filas y rutas alternas, gente en los parques, mucha, adultos intentando permanecer así…adultos.
Llegué a casa, puertas de cercos abiertas, animales sueltos y buscando el consuelo de los suyos, la confusión no había sido sólo humana, el temor se había expandido entre mascotas y seguro que algún árbol también habrá pretendido amarrase más allá de sus raíces, así entré con el temblor de las manos, parecía mentira que hacía algunas horas uno podría haber estado en una playa construyendo algún castillo o paseando un papalote, que había sido un sábado de gloria, que hacía sólo unos momentos el domingo familiar, transcurría normal para una ciudad entera y para el estado, ahora había sed de información y de algunas palabras de aliento.
Entre una barda caída, escombros y tanques de gas tirados, la casa permanecía inalterable, hacia afuera por lo menos, al entrar había caos y vidrios por todas partes, muebles, agua, comida, cuadros, todo estaba en el piso, apenas podías dar paso, había tristeza derramada por los muebles, aún que todos estábamos con vida y saludables, te hacía pensar en otros daños, en los otros, cómo estarían tus vecinos, tus amigos, tus parientes, cómo sería aquel día, qué más habría de esperarnos.
Momentos eternos y cruciales, de acercarse a las tomas de gas para cerrarlas, de apagar fusibles y de no ver nada, momentos de decisiones. Y se acabó la tarde pronto, sin luz en unas cuantas horas, que sirvieron para intentar o lograr comunicarnos con unos cuantos de “los nuestros”, llegó la noche sin electricidad, sin luz, al desamparo, sin agua, noche de malandros vigilantes, noche de trabajo para vándalos, había establecimientos desolados y sin cristales, blanco perfecto para robarles, había mercados que hacían lo suyo con plantas generadoras de emergencia, resistieron hasta que se agotó el combustible, y es entonces cuando uno maldice el no poder llenar el tanque, el andar en la rayita de cincuenta en cincuenta.
Fue entonces noche de parques llenos, de campamentos extendidos por la ciudad, de personas que dormían en sus carros alejados de los cables y edificios, noche de lotes baldíos, de sacudidas constantes que nos ponían alertas y nos negaban el sueño, fue una noche de nostalgia, de sillones y tendidos en el suelo, de baterías agotadas, de lámparas olvidadas y veladora encendida, de oración, de plática cercana al del cielo, de calmarse, de compras desesperadas, de garrafones que necesitaban ser llenados, fue la noche sin sueño pero llena de cansancio, noche en vela y de esperanza.
La mañana tardó en llegar como nunca antes, parecía haberse cobrado el tiempo de las noches de farra que transcurren prontas y aceleradas, no terminaba, sacudía y se establecía, se acomodaba.
Finalmente se dignó a aparecer el sol, y nos amaneció temprano aunque tarde, los servicios volvieron en algún sentido, y las ganas del restablecimiento con ellos. Las familias se acomodaban y acostumbraban al miedo, a volver a tomarle confianza a la tierra que nos había gastado una buena broma en la tarde, la Pascua transcurrió distinta e inolvidable, el cuatro del cuatro del diez. Con la pregunta constante de saber si está temblando, de recuperar horas de sueño, de limpieza, de escombro, de lamentos y agradecimientos por la vida, de quejas y complacencias, de volver a la música y a convertir lo vivido en recuerdos. Días de recuentos, de daños, de narraciones, de abrazos más apretados que de costumbre, de saber cómo lo pasaron, días que le siguen, días constructivos y reconstructivos, de sonrisas posteriores a la Pascua.
miércoles, 24 de marzo de 2010
"Tú y los tuyos"
El día de hoy, como quien diría “en estos tiempos” la gente, la gran mayoría, el pueblo, nosotros, pensamos en el bienestar de uno, en el bien propio, y en tiempos de esplendidez en el bien de “los suyos”, de “los tuyos”. El problema principal es ubicarnos en el contexto, en el significado real de aquello de “los suyos” ¿qué implica y a quiénes? debería implicar no sólo a los que se unen a ti, por un lazo consanguíneo o por una amistad estrecha, aun no hemos comprendido que “los suyos” somos todos, la comunidad de vecinos de mi colonia, los oriundos de mi pueblo, los ciudadanos de mi país y los habitantes de mi mundo.
Así pues, las desgracias y bendiciones nacionales o mundiales son también nuestras, porque afectan a “los tuyos”, los nuestros, diría yo.
Vamos alzando las voces por las desgracias ajenas que de uno o de varios modos, habrán de volverse propias, a corto o a largo plazo. Festejemos los triunfos por lejanos que parezcan, sintamos las injusticias del otro, por pequeño que se vea, vivámoslas con él, contrarrestémoslas.
Así pues, las desgracias y bendiciones nacionales o mundiales son también nuestras, porque afectan a “los tuyos”, los nuestros, diría yo.
Vamos alzando las voces por las desgracias ajenas que de uno o de varios modos, habrán de volverse propias, a corto o a largo plazo. Festejemos los triunfos por lejanos que parezcan, sintamos las injusticias del otro, por pequeño que se vea, vivámoslas con él, contrarrestémoslas.
Aquello de los veintiuno... (Así me pintaba)
Año nuevo no en enero, sino en Julio o en agosto, se me acaba el año viejo y no es diciembre, porque el ciclo para mí, se va en fragmentos de la vida; lo pasado, lo aprendido por secciones, archivando los legajos de cada año, va guardándose el altero en rincones de memoria de fichero o archivero, dependiendo cuál sea el caso.
Éste año se me ha ido en varios libros, sin haber leído ni uno sólo, me avergüenzo o me alegro, para el caso los escribo, en la mente o en pedazos, sin sacar lo que me guardo.
Me concreto a rendir el informe de éste año, confesando que el orden de lo escrito no es correcto, ni incorrecto, a decir verdad, no hay orden, no hay fecha, y que también hubo meses en blanco.
Éste año me topé con la oportunidad de pensar en mí y en los placeres de la vida, aprendí de la mirada de los hombres, supe comprender que a veces debemos decir no, sin conocer el motivo y otras cuantas decir sí, por aventarse simplemente a lo desconocido o apostarle a algo perdido; aprendí que lo que haces se regresa, no con afán de culpar a una divinidad de lo ocurrido, sino como simple consecuencia de tus actos y el sentimiento de culpa o error que se carga, que al final sigue siendo subjetivo, se da o no, tú sabrás, tú lo sientes o lo omites y disfrutas.
Aprendí a vivir en la rutina, a desesperar por ella y a querer innovar dentro de lo mismo, a comprender que no se puede, o no se quiere a veces; a saber que hay cosas que son de dos y uno solo no resuelve, a querer a papá más que antes, a valorar a la familia más que ayer, a dormir en una silla, en el piso, o en la cama de un recién occiso, a ver el dolor ajeno y hacerlo propio, a sentirte parte de un grupo vulnerable o de varios, a esperar, a ver en alguien que no sabe lo que hace, la solución a tus problemas, a ver y aceptar que de pronto también saben lo que hacen, a querer más a mi Dios y al tuyo, al de todos; a esperar pacientemente la noticia de una vida, a cargar a papá, a ver llorar a papá, a verlo pidiendo perdón, aprendí a quererlo otra vez y de otra forma, a rasurar a papá, a darle de comer en la boca, a abrazar a mamá cuando llora por papá, a parecer fuerte cuando más quiero gritar y correr, a callar cuando debía, a ser un poco más mamá y menos hermana, a volver a ser hermana, a bañar a papá, a ir a la escuela con dos horas de sueño y rendir, a extrañar y aguantar; conocí todo el proceso de adopción de una mascota, a quererla, a cuidarla, a medicarla.
Caminé muchas canciones, conté el tiempo sin minutos y con vueltas del tamaño de un parque, liberé tensiones en zapatos deportivos, usé el guante de un halcón para evitarme una o varias ampollas; descubrí cosas que nunca quise haber descubierto, escribí, me animé, concursé, me gustó, fracasé, me animé de vuelta; hice amigos en la escuela, aprendí a quererla más, a extrañarla, me propuse impresionar y lo logré, me preparé, me cansé, me levanté, lloré hasta dormir como cuando era niña, me deprimí, me levanté, me embriagué con sólo un trago, luego con varios, me divertí, salí, salvé a un amigo de morir de una decepción amorosa, en realidad no iba a morir, acompañé a una amiga al ginecólogo, vi sufrir a tres por enfermedades transmitidas por patanes, acompañé a otra por una pastilla; les di tiempo a los amigos de la prepa, me di una oportunidad, abracé a más de una amiga, me despedí de la homofobia, conocí a alguien nuevo, que a la vez ya conocía, dejé que me conocieran y descubrí cosas que no me conocía, me hice dependiente, luego independiente, me rehabilité, recaí, miré películas sin sentido y me gustaron, tome más de una mano, me emocioné, me temblaron las ideas, pensé y me olvidé de pensar, me puse a sentir, llegué tarde, luego más tarde, fui irresponsable y lo disfruté; después no pude dejar mis responsabilidades, me reconcilié con la música, escuché nuevas canciones, caminé más, corrí, me reconcilié con mi pulmones, me llené de arena, adquirí ampollas, las disfrute, las lloré, platiqué con los vecinos, abracé a un amigo, le escribí, me mojé con lluvia, fui regañona, fui gruñona, me arrepentí, volví a serlo, sonreí, vi las estrellas, adquirí una residencia sin comprarla, discutí con un policía, me multaron por primera vez, adelgacé, me preocupé, perdió importancia, aprendí, lo deseché, recuperé, asusté a alguien, me arreglé para mí, me regañaron, me valoraron, me escribieron cosas lindas, me dedicaron muchas canciones, me gustaron, las hice mías, me las robé, me arriesgué, lo disfruté, me preocupé, me cuestioné, extrañé una vez más, recibí cumplidos, regalos, notas, di un detalle, gustó el detalle, fui mala o me sentí, hice sufrir, sufrí, envidié a quienes se daban amor en un carro, sentí moverse al tiempo lento, más lento que nunca, manejé por la libre, viaje con dos amigos, dormí con ellos, comparé al amor con la visita a los raspados, sentí el poder de la malilla de un adicto, quise salvar a alguien del país de los chamizos, corretee a mi Anexa de la calle, fui clandestina, fui paranoica, disfruté otra vez, cené yo sola, cené con muchos, fui nociva, me aventuré, dormí en la playa, pase frío, extrañé el calor, me asombré por la tardanza del verano, saludé a Dios una mañana o más de una, lo descubrí en muchas personas, convencí a alguien de alocarse junto a mí, abracé a niños, nadé o floté, me sumergí en el agua, me enlodé, jugué, rompí cosas sin querer, me disfracé, me di cuenta que he perdido la vergüenza para bien, me emocioné, pude ser factor de cambio en una vida, me gustó servir comida, me caí, me reí, retraté, inventé, mentí, quise mucho y luego más, me aferré, tuve paciencia, la perdí y volví a encontrarla.
Me enfermé, fui al doctor, desistí, viajé, me regresé de manera inesperada, me demostraron su cariño los amigos, fui abrazada, me sentí sola, abrace una almohada, hice un amigo, lo perdí, volvió, entregué, perdí y gané en un solo acto, respeté, guardé silencio, visite a la familia alejada, sonreí, fui a un concierto, antes a varios; amé la puesta del sol, la comparé con estar con alguien, sentí que me convertía en hombre o en patán que no es lo mismo aunque a veces sí, sentí abusar de cierta capacidad o discapacidad que produce la escritura, me sentí loca, me reí luego, vi a mi abuela acercarse a los noventa, la abracé, la vi enfermarse, la cuidé; inicié las prácticas, me amarré de manera temporal a un escritorio, alcé la voz, expresé lo que sentía, soñé con armas como en la infancia, tuve miedo, bailé sin pena, conocí a Betty, a Esthercita, a Gabino y a unos cuantos, hice amigos, se cambiaron de oficina, ayudé, me ayudaron, me enojé, me contenté, pedí ayuda del gobierno, voté, tuve fe, me enojé con el gobierno, aprendí que el presupuesto se maneja para unos cuantos y que no son casualidad las diferencias que se viven, lloré de coraje sin estar en el período de infertilidad, quise defender a alguien, insulté, fue de coraje, me justifiqué, escuché la lamentable voz del privilegio señalando que la desgracia es desgraciada por quererlo, lloré de nuevo con coraje, quise cambiar al mundo, creí estarlo cambiando, caminé descalza sobre la tierra, fui sorprendida, sorprendí, descubrí que me gusta mi cumpleaños tanto como los antros, que disfruto de lo austero, que no se debe decir no cuando se es la única opción, que se puede olvidar por algún tiempo, que todo queda grabado, que todo nos hace feliz de una y varias maneras.
Me preocupó la enfermedad de los míos, me quedé sin hacer nada, hice mucho, me agoté, luego nada, corrí en tacones, usé tacones, me peine y me despeiné, me pinte, me ensucié, dibujé, grité, comí pan, tomé té en grandes cantidades, me mantuve despierta y caminando con m&m’s, me aguanté, presté, me prestaron, me robaron, lloré, aprendí, agradecí, escuché, trabajé, brinqué, me aplasté, cargué el agua, caminé por el desierto, conocí el dolor inexplicable y la explicación a todos mis dolores; descubrí que los mariachis viven felices sumergiéndose la vida triste en un “costeño”, que si sale aquella voz con sentimiento es que lo es; quise a un maestro, y a otro también; conté chistes, leí poesía, respiré, sentí el aire, cerré los ojos, perdoné, recordé la noche anterior y sonreí, me vi al espejo llorando, me hinqué, pedí perdón, di gracias otra vez, vi a una amiga graduarse, vi al sol, estornudé, me sentí culpable, descubrí que puedo ser mucho para alguien, fui egoísta, me gustó, descompuse, arreglé, eché a perder, volví a aprender, escuché, fui escuchada, me tiré, subí a una montaña rusa, usé gorro, comí fruta, reaccioné bien, reaccioné mal, me tiré de un tobogán.
Me propuse algo y lo cumplí, no me propuse pero lo hice, perdí una muela, gané mi juicio, aprendí que las gerberas son mis flores favoritas, me acerqué al final de mi carrera, conocí a la familia de alguien más y me gustaron, dormí una noche con pijama, practiqué la tolerancia, no me salió, volví a intentar, recibí a un amigo en el aeropuerto, comí con mis amigos, besé con muchas ganas de besar, abracé con muchas ganas de abrazar, pellizqué, jalé cachetes, tomé café, intenté una vez más tocar guitarra, fracasé, logré hacer la posición de “nasty 1”y “nasty 2”, aprendí a trabajar, me esforcé, resolví, enrede, me negué, advertí, me describí, me conocí un poco más, crecí, platiqué como me gusta, en resumidas soy más que ayer, más que en los veinte, aún no defino el contexto del “más” si es para bien o para mal, pero ya hay más y muchas ganas.
Éste año se me ha ido en varios libros, sin haber leído ni uno sólo, me avergüenzo o me alegro, para el caso los escribo, en la mente o en pedazos, sin sacar lo que me guardo.
Me concreto a rendir el informe de éste año, confesando que el orden de lo escrito no es correcto, ni incorrecto, a decir verdad, no hay orden, no hay fecha, y que también hubo meses en blanco.
Éste año me topé con la oportunidad de pensar en mí y en los placeres de la vida, aprendí de la mirada de los hombres, supe comprender que a veces debemos decir no, sin conocer el motivo y otras cuantas decir sí, por aventarse simplemente a lo desconocido o apostarle a algo perdido; aprendí que lo que haces se regresa, no con afán de culpar a una divinidad de lo ocurrido, sino como simple consecuencia de tus actos y el sentimiento de culpa o error que se carga, que al final sigue siendo subjetivo, se da o no, tú sabrás, tú lo sientes o lo omites y disfrutas.
Aprendí a vivir en la rutina, a desesperar por ella y a querer innovar dentro de lo mismo, a comprender que no se puede, o no se quiere a veces; a saber que hay cosas que son de dos y uno solo no resuelve, a querer a papá más que antes, a valorar a la familia más que ayer, a dormir en una silla, en el piso, o en la cama de un recién occiso, a ver el dolor ajeno y hacerlo propio, a sentirte parte de un grupo vulnerable o de varios, a esperar, a ver en alguien que no sabe lo que hace, la solución a tus problemas, a ver y aceptar que de pronto también saben lo que hacen, a querer más a mi Dios y al tuyo, al de todos; a esperar pacientemente la noticia de una vida, a cargar a papá, a ver llorar a papá, a verlo pidiendo perdón, aprendí a quererlo otra vez y de otra forma, a rasurar a papá, a darle de comer en la boca, a abrazar a mamá cuando llora por papá, a parecer fuerte cuando más quiero gritar y correr, a callar cuando debía, a ser un poco más mamá y menos hermana, a volver a ser hermana, a bañar a papá, a ir a la escuela con dos horas de sueño y rendir, a extrañar y aguantar; conocí todo el proceso de adopción de una mascota, a quererla, a cuidarla, a medicarla.
Caminé muchas canciones, conté el tiempo sin minutos y con vueltas del tamaño de un parque, liberé tensiones en zapatos deportivos, usé el guante de un halcón para evitarme una o varias ampollas; descubrí cosas que nunca quise haber descubierto, escribí, me animé, concursé, me gustó, fracasé, me animé de vuelta; hice amigos en la escuela, aprendí a quererla más, a extrañarla, me propuse impresionar y lo logré, me preparé, me cansé, me levanté, lloré hasta dormir como cuando era niña, me deprimí, me levanté, me embriagué con sólo un trago, luego con varios, me divertí, salí, salvé a un amigo de morir de una decepción amorosa, en realidad no iba a morir, acompañé a una amiga al ginecólogo, vi sufrir a tres por enfermedades transmitidas por patanes, acompañé a otra por una pastilla; les di tiempo a los amigos de la prepa, me di una oportunidad, abracé a más de una amiga, me despedí de la homofobia, conocí a alguien nuevo, que a la vez ya conocía, dejé que me conocieran y descubrí cosas que no me conocía, me hice dependiente, luego independiente, me rehabilité, recaí, miré películas sin sentido y me gustaron, tome más de una mano, me emocioné, me temblaron las ideas, pensé y me olvidé de pensar, me puse a sentir, llegué tarde, luego más tarde, fui irresponsable y lo disfruté; después no pude dejar mis responsabilidades, me reconcilié con la música, escuché nuevas canciones, caminé más, corrí, me reconcilié con mi pulmones, me llené de arena, adquirí ampollas, las disfrute, las lloré, platiqué con los vecinos, abracé a un amigo, le escribí, me mojé con lluvia, fui regañona, fui gruñona, me arrepentí, volví a serlo, sonreí, vi las estrellas, adquirí una residencia sin comprarla, discutí con un policía, me multaron por primera vez, adelgacé, me preocupé, perdió importancia, aprendí, lo deseché, recuperé, asusté a alguien, me arreglé para mí, me regañaron, me valoraron, me escribieron cosas lindas, me dedicaron muchas canciones, me gustaron, las hice mías, me las robé, me arriesgué, lo disfruté, me preocupé, me cuestioné, extrañé una vez más, recibí cumplidos, regalos, notas, di un detalle, gustó el detalle, fui mala o me sentí, hice sufrir, sufrí, envidié a quienes se daban amor en un carro, sentí moverse al tiempo lento, más lento que nunca, manejé por la libre, viaje con dos amigos, dormí con ellos, comparé al amor con la visita a los raspados, sentí el poder de la malilla de un adicto, quise salvar a alguien del país de los chamizos, corretee a mi Anexa de la calle, fui clandestina, fui paranoica, disfruté otra vez, cené yo sola, cené con muchos, fui nociva, me aventuré, dormí en la playa, pase frío, extrañé el calor, me asombré por la tardanza del verano, saludé a Dios una mañana o más de una, lo descubrí en muchas personas, convencí a alguien de alocarse junto a mí, abracé a niños, nadé o floté, me sumergí en el agua, me enlodé, jugué, rompí cosas sin querer, me disfracé, me di cuenta que he perdido la vergüenza para bien, me emocioné, pude ser factor de cambio en una vida, me gustó servir comida, me caí, me reí, retraté, inventé, mentí, quise mucho y luego más, me aferré, tuve paciencia, la perdí y volví a encontrarla.
Me enfermé, fui al doctor, desistí, viajé, me regresé de manera inesperada, me demostraron su cariño los amigos, fui abrazada, me sentí sola, abrace una almohada, hice un amigo, lo perdí, volvió, entregué, perdí y gané en un solo acto, respeté, guardé silencio, visite a la familia alejada, sonreí, fui a un concierto, antes a varios; amé la puesta del sol, la comparé con estar con alguien, sentí que me convertía en hombre o en patán que no es lo mismo aunque a veces sí, sentí abusar de cierta capacidad o discapacidad que produce la escritura, me sentí loca, me reí luego, vi a mi abuela acercarse a los noventa, la abracé, la vi enfermarse, la cuidé; inicié las prácticas, me amarré de manera temporal a un escritorio, alcé la voz, expresé lo que sentía, soñé con armas como en la infancia, tuve miedo, bailé sin pena, conocí a Betty, a Esthercita, a Gabino y a unos cuantos, hice amigos, se cambiaron de oficina, ayudé, me ayudaron, me enojé, me contenté, pedí ayuda del gobierno, voté, tuve fe, me enojé con el gobierno, aprendí que el presupuesto se maneja para unos cuantos y que no son casualidad las diferencias que se viven, lloré de coraje sin estar en el período de infertilidad, quise defender a alguien, insulté, fue de coraje, me justifiqué, escuché la lamentable voz del privilegio señalando que la desgracia es desgraciada por quererlo, lloré de nuevo con coraje, quise cambiar al mundo, creí estarlo cambiando, caminé descalza sobre la tierra, fui sorprendida, sorprendí, descubrí que me gusta mi cumpleaños tanto como los antros, que disfruto de lo austero, que no se debe decir no cuando se es la única opción, que se puede olvidar por algún tiempo, que todo queda grabado, que todo nos hace feliz de una y varias maneras.
Me preocupó la enfermedad de los míos, me quedé sin hacer nada, hice mucho, me agoté, luego nada, corrí en tacones, usé tacones, me peine y me despeiné, me pinte, me ensucié, dibujé, grité, comí pan, tomé té en grandes cantidades, me mantuve despierta y caminando con m&m’s, me aguanté, presté, me prestaron, me robaron, lloré, aprendí, agradecí, escuché, trabajé, brinqué, me aplasté, cargué el agua, caminé por el desierto, conocí el dolor inexplicable y la explicación a todos mis dolores; descubrí que los mariachis viven felices sumergiéndose la vida triste en un “costeño”, que si sale aquella voz con sentimiento es que lo es; quise a un maestro, y a otro también; conté chistes, leí poesía, respiré, sentí el aire, cerré los ojos, perdoné, recordé la noche anterior y sonreí, me vi al espejo llorando, me hinqué, pedí perdón, di gracias otra vez, vi a una amiga graduarse, vi al sol, estornudé, me sentí culpable, descubrí que puedo ser mucho para alguien, fui egoísta, me gustó, descompuse, arreglé, eché a perder, volví a aprender, escuché, fui escuchada, me tiré, subí a una montaña rusa, usé gorro, comí fruta, reaccioné bien, reaccioné mal, me tiré de un tobogán.
Me propuse algo y lo cumplí, no me propuse pero lo hice, perdí una muela, gané mi juicio, aprendí que las gerberas son mis flores favoritas, me acerqué al final de mi carrera, conocí a la familia de alguien más y me gustaron, dormí una noche con pijama, practiqué la tolerancia, no me salió, volví a intentar, recibí a un amigo en el aeropuerto, comí con mis amigos, besé con muchas ganas de besar, abracé con muchas ganas de abrazar, pellizqué, jalé cachetes, tomé café, intenté una vez más tocar guitarra, fracasé, logré hacer la posición de “nasty 1”y “nasty 2”, aprendí a trabajar, me esforcé, resolví, enrede, me negué, advertí, me describí, me conocí un poco más, crecí, platiqué como me gusta, en resumidas soy más que ayer, más que en los veinte, aún no defino el contexto del “más” si es para bien o para mal, pero ya hay más y muchas ganas.
viernes, 15 de enero de 2010
...
La vida es poca, no hay para ensayos.
Y es que nadie sabe de qué estamos hablando.
Yo tampoco.
No te has puesto a pensar,
tampoco es indispensable.
Y es que nadie sabe de qué estamos hablando.
Yo tampoco.
No te has puesto a pensar,
tampoco es indispensable.
viernes, 8 de enero de 2010
Crónica de una ida a Querétaro
* Tú crees y no crees nada, vas con la corriente del alimento primero.
* Campesinos y gente ordinaria... prefiero ser y estar, son relativos. De ahí nace lo verdaderamente extraordinario.
* Quiero correr... necesito.
* Olores que matan más que neuronas, esperanzas.
* Épocas robadas que incomodan.
* Depresión pos-sesión juvenil.
* Campesinos y gente ordinaria... prefiero ser y estar, son relativos. De ahí nace lo verdaderamente extraordinario.
* Quiero correr... necesito.
* Olores que matan más que neuronas, esperanzas.
* Épocas robadas que incomodan.
* Depresión pos-sesión juvenil.
Preferencias.
Mejor quedarse de lado
con el respiro faltante,
a tenerlo aquí abrazado
con el latido constante,
a la espera del sonido exasperante
que le transmiten palabras
en su lenguaje intrigante.
con el respiro faltante,
a tenerlo aquí abrazado
con el latido constante,
a la espera del sonido exasperante
que le transmiten palabras
en su lenguaje intrigante.
Fruta seca.
Mi corazón encogido,
cual ciruela, como pasa,
como fruto absorbido por el paso del tiempo;
escondido,
como ladrón sin reposo,
como un susurro quejoso,
como tesoro perdido.
Se guarda de todo y de nada,
no quiere a nadie;
desprecia a la oscuridad y a la luz,
al sonido y al silencio,
a tu presencia y ausencia.
Se hace pequeño para no alojarte,
para no llorarte,
para no extrañarte.
cual ciruela, como pasa,
como fruto absorbido por el paso del tiempo;
escondido,
como ladrón sin reposo,
como un susurro quejoso,
como tesoro perdido.
Se guarda de todo y de nada,
no quiere a nadie;
desprecia a la oscuridad y a la luz,
al sonido y al silencio,
a tu presencia y ausencia.
Se hace pequeño para no alojarte,
para no llorarte,
para no extrañarte.
Apuestas.
Te lloro hoy,
sabiendo que mañana será sólo la mitad,
y al día siguiente quizá sea la cuarta parte
y así sucesivamente hasta que el denominador se vuelva grande,
asi será...
aunque tal vez mañana se vuelva el doble.
sabiendo que mañana será sólo la mitad,
y al día siguiente quizá sea la cuarta parte
y así sucesivamente hasta que el denominador se vuelva grande,
asi será...
aunque tal vez mañana se vuelva el doble.
Impedimento
Es esto precisamente lo que me impide quererte: dependencia.
¿Y de qué dependo?
De tu presencia,
de tu querer,
de tu expresión,
de tu paciencia,
de tu incoherencia,
de tus arranques,
de tus peleas,
de sus relativas conciliaciones,
de lo que quiero y de lo que no,
de tus palabras que quisiera que fueran otras,
de las canciones que no me cantas,
de los poemas que no me escribes,
de las palabras que no me dices,
de aquellos besos que me pediste,
de tus olores,
de mis rencores,
de mi cabeza recostada en tu regazo,
de aquel abrazo,
de tus orejas irregulares,
de tus ojeras inseparables,
de los hoyitos que hay en tu cara,
de aquellas imperfecciones que parecen tan exactas,
de tu miopia que hace a la mía compañía,
de tu existencia junto a la mía.
¿Y de qué dependo?
De tu presencia,
de tu querer,
de tu expresión,
de tu paciencia,
de tu incoherencia,
de tus arranques,
de tus peleas,
de sus relativas conciliaciones,
de lo que quiero y de lo que no,
de tus palabras que quisiera que fueran otras,
de las canciones que no me cantas,
de los poemas que no me escribes,
de las palabras que no me dices,
de aquellos besos que me pediste,
de tus olores,
de mis rencores,
de mi cabeza recostada en tu regazo,
de aquel abrazo,
de tus orejas irregulares,
de tus ojeras inseparables,
de los hoyitos que hay en tu cara,
de aquellas imperfecciones que parecen tan exactas,
de tu miopia que hace a la mía compañía,
de tu existencia junto a la mía.
Afuera y adentro
Afuera fluye un río
y adentro fluye otro,
no sé qué nubes se irán más pronto;
afuera hay viento,
adentro no.
y adentro fluye otro,
no sé qué nubes se irán más pronto;
afuera hay viento,
adentro no.
El sentido de las incongruencias
Quédate sentado ahí
mientras te diriges a mi lado,
No me llames
y asegúrate que sea correcto el número marcado,
no me toques
y recuerda que mi espalda está encantada,
ignórame por completo
siendo el centro de tus días,
oprime tu deseo de besarme,
deslizándote en el rosa de la carne de mis labios,
trátame con desprecio
siendo siempre un caballero,
quiéreme a veces y a lo lejos
mientras te quedas para siempre aquí a mi lado,
permíteme dormir
con este insomnio persistente.
mientras te diriges a mi lado,
No me llames
y asegúrate que sea correcto el número marcado,
no me toques
y recuerda que mi espalda está encantada,
ignórame por completo
siendo el centro de tus días,
oprime tu deseo de besarme,
deslizándote en el rosa de la carne de mis labios,
trátame con desprecio
siendo siempre un caballero,
quiéreme a veces y a lo lejos
mientras te quedas para siempre aquí a mi lado,
permíteme dormir
con este insomnio persistente.
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