viernes, 21 de noviembre de 2014

20 de noviembre de 2014.

Si al norte llegara la mitad de información que acá vivimos. Si la mitad de los que se quedan en casa a criticar los movimientos saliera a las calles y viera los despojos que sufrimos.
Si se enteraran de la organización de los estudiantes que claman paz, justicia y libertad. Si supieran que se reprocha la violencia y se ensalsa la unidad.
Deberían saber que los "secuestros de camiones" son acordados con choferes y pasaje, que se pasa una gorra o un sombrero para apoyar al que maneja y que nos vamos dando las gracias y con un gesto de solidaridad que nos entregan.
Si estuvieran en las calles verían familias y personas de todas las edades, no hay peligro entre nosotros. El peligro está allá afuera. Yo te cuido. Así sigue la cadena, tomo manos que desconozco, pero que no habrán de soltarme. Corremos juntos, planeamos juntos, llegamos y nos vamos juntos. Alguien me pide que me cubra el rostro, cuando una cámara se cuela entre nosotros.
La soledad no existe cuando las calles se inundan de un solo grito. "No provoquen, ni caigan en provocaciones" es repetido constantemente. Así se vive.  Paz, risas y coraje joven, ése que nos hace fuertes. Un mariachi se atraviesa entre nosotros, saca su trompeta y nos regala arte, para el alma y para seguir en calma. Habemos jóvenes felices. 
Un grupo a cargo de seguridad se va adelante, muy adelante, para alertarnos de lo que pasa. Al ver que se desborda la violencia no provocada, tomamos juntos la decisión de replegarnos, así, sin soltar ninguna mano. Nadie, bajo ninguna circunstancia, habrá de salir de ahí sin ser acompañado.
Vernos a todos, la mayoría sin conocernos, sabernos jóvenes por convicción, las compras previas para atenuar los efectos del gas pimienta, si apareciera. La consciencia de posibilidades y así enfrentarlas. La taquicardia de las luces rojas y azules que nos llegan como reflejo, los silencios cuando somos pocos y ellos muchos y con armas. Desde ahí, desde el silencio, me siento fuerte.
Es un orgullo compartir la marcha con tantos grandes. Grandes por atreverse, por olvidarse de ellos para pensar en todos. 
Los medios se olvidan de que las verdades las hacemos nosotros, y ellos pretenden construirlas. Oídos sordos. Si hubiese visto allá en mi norte con estos ojos, habría salido a caminar desde hace mucho.
Antes quería sólo ser profesionista, ahora sé que necesito un país donde se pueda sólo ser. Y nosotros sin querer aún no somos.

México, D.F. Revolución del 2014.


jueves, 24 de julio de 2014

Donde no existes, pero siempre vives.


Cuando más lejano parecía encontrarlo, llegó una tarde. Una tarde de manchones rojos, amarillos y morados, con sus respectivos medios como los que no me gustan. El cielo se puso guapo, como tú. Apareció con cara de sonrisa grande y agujeros hondos, te encontré en uno, dos, tres y cuatro abrazos, pequeños y grandes. Me supiste a risa, a grito, a baile. Me supiste a todo. El corazón brinca para avisar algo, creo que te está anunciando.

Me senté, escuché los ruidos volviéndose música, esa que no entiendo. Me puse de pie y llené de tierra a los que me sostienen, y bailaron sin sentir vergüenza. Vi hasta el fondo de ojos brillantes, me perdí, encontré pieles quemadas por esos manchones que adornan arriba. Me encontré. Y así muchas veces.

Te sentí, nos entendimos, me quedé ahí. Te escuché y me despertaste, había que dejarte. No existe motivo para abandonarte. La razón se va en los momentos tuyos. ¡Que se largue!

Te encontré donde no existes, pero siempre vives. En el momento y lugar precisos. Precisos por indispensables, por esa imposibilidad de cambiarles por otros. Ahí, en ella, te encontré para no negarte. El amor existe.

domingo, 6 de julio de 2014

Carajos.

Limpié la casa, sacudí las esquinas, me ayudaste, lavamos los pasivos de la mesa, restregamos los activos, me hiciste falta, seguí pensándote, te lloré, estuve sola y tan acompañada, confundí un abrazo  con el otro, pero el tacto no me engaña; la voz no es la misma, me sigues haciendo falta ¡carajo! ¿Por qué no me abandonas de una buena y caraja vez? La confusión me mata, me atormenta con tus ausencias tan presentes en momentos tan precisos. Me conoces las debilidades en punto de la hora exacta al olvido.
Tu detector de voces quietas y lejanas lo has dejado activado sola y únicamente en caso de que ocurriera, si no... Tendrías que ahorrarte la molestia.

¡Carajo tú, caraja yo!

Hablando de nada.

Cómo te cambia el lunes, el martes y hasta aquel pinche miércoles 3 de octubre, con las noticias que se te acaban el 4 y sigues pagando el 5, 6,7...
Tengo las palabras ahogadas como el alma, como el saco que nadaba en mis entrañas y terminó por también abandonarme.
No me entiendes y no espero que lo hagas, no es tu parte, sufro sola porque así ha de tocarme.

viernes, 4 de julio de 2014

Al que no existe.


(Antes que nada has de saber: Me gustan los imposibles ajenos, por imaginarios.)


Aclarado lo anterior, al que no existe le digo:
Quiero escuchar tu risa que combina con la mía. Quiero leerte y que me leas, que nos entendamos en aquel idioma nuestro. Recordarte en la cocina que nunca fue la misma; en cada espacio que, sin querer, fue tuyo pero también fue mío.
Necesito que escuches mi día y así entender tus quejas. Vamos a ensalzarnos las locuras mutuas, a deshacer corduras y a construir lo que queramos juntos.
Te ofrezco inestabilidades gratas, amor a dosis grandes, incertidumbre a veces y mis demencias siempre.
Te ofrezco no aburrirte y que viajemos siempre, que nos quedemos intencionalmente.
Te haré propuestas insultantes a la rectitud que en ocasiones pretendes. No las rechaces, no habrá un segundo para que te arrepientas.
Y el día en que decidamos amarrar lo inamarrable, habremos de lamentar no haberlo decidido antes, habremos de sentirnos libres finalmente.
Te ofrezco amarte y que me ames, o que me quieras y yo te quiera, o que inventemos una palabra para eso de ser y de estar felices.
Confieso detestar las confesiones y más a quien no existe.

P.D. Renuncio a la felicidad a medias, y a la estabilidad que aburre. No habrás de cuestionar ésta, ni las demás manías. Ya me conoces...No me llevo bien con la cordura.


La que sí existe.