La aplastante expedición de Hernán “el Desconsiderado”,
un barbón de mal carácter y de acento extraño, se apresuraba a recorrer largos
caminos hasta llegar a la gran Tenochti. “El desconsiderado”, venía ya de
conquistar tierras y... acompañado de un hermosa mujer a la que le decían “la
Malinche".
La gran Tenochti era habitada por
los mexicas, un grupo muy peculiar, con una cultura rica y tradiciones
abundantes.
Cuenta la leyenda que vivían sobre
una masa de agua. Sí, como flotando. Se dedicaban a cultivar la tierra con
maíz, chile, frijol y calabaza. Les gustaban las vestimentas con abundantes
plumas y se divertían jugando a la pelota en el tradicional Torneo de la TBA (Asociación
de Balonjuegodepelota de Tenochti), celebrado anualmente y presidido por el
Toani (máxima autoridad de la ciudad). El Torneo era esperado durante largos
meses por el pueblo mexica y esperaban, con singular alegría, la llegada del
equipo visitante “los Julios”, vecinos que viajaban del pasado exclusivamente para
luchar por la gran ofrenda en juego.
Aunque había ciertos ajustes que realizar en
cuanto al tipo de ofrendas que les gustaban y el trono del Toani heredado por
generaciones, en general, los mexicas se las arreglaban bastante bien
organizándose como pueblo.
Sólo había una cosa que los alegraba
más que el mísmisimo Torneo, era la llegada de un Ser distinto a ellos,
imponente y de rasgos particulares (al
menos así lo imaginaban), era el mísmisimo poseedor de la solución ante la
falta de alimentos que les azotaba en los últimos años, debido a la escasez de
lluvia.
La vida iba normal en Tenochti,
aunque faltaba poco para el Torneo y la emoción se empezaba a hacer presente.
Los pobladores, hombres y mujeres, sembraban, mientras los niños jugaban y
leían poesía o escuchaban el canto del zenzontle (un pájaro de 400 voces que
los visitaba de vez en cuando y los deleitaba con sus tantos mensajes).
Una mañana, el Zenzontle voló más
rápido que de costumbre y advirtió a toda Tenochti de la llegada de un
personaje extraño que se aproximaba cada vez más a sus tierras.
Los pobladores sintieron temor, pero
al ver llegar a Hernán “El desconsiderado”, quisieron pensar que se trataba del
Ser solucionador a los problemas de comida, así que lo recibieron con bombo y
platillo y festejaron su llegada. Hernán, aunque un poco confundido al
principio, no tardó en darse cuenta de lo que pasaba y quiso sacar provecho.
Comenzó a desplazar a Toani, prohibió la poesía y cualquier costumbre distinta
a las que él tenía. Finalmente, al enterarse del juego de pelota, decidió
cancelar el Torneo.
El pueblo tenía más hambre que antes
y estaba, profundamente, sometido en la tristeza de quedarse sin sus
tradiciones. “La Malinche” quien se parecía más a los mexicas que al
Desconsiderado, se había encargado de orientar a Hernán en sus malévolos
planes.
Un buen día, un joven de ideas
revolucionarias llamado Témoc decidió presentarse, personalmente, ante la nueva
y desconsiderada autoridad y plantearle la posibilidad de recuperar sus
tradiciones. Hernán consideró esto un atrevimiento y mandó un mensaje apabullador
para este joven y cualquiera que decidiera continuar con sus ideas.
Así fue como Témoc se armó de valor,
juntó clandestinamente al pueblo y acordaron presentarse todos ante Hernán para
exigir que cesara la represión. Entre las exigencias estaban: embarcarse en una
aventura de conocimiento cultural mutuo y finalizar ésta con el Torneo de Juego
de pelota en el que participarían Hernán y su ejército. Al final el ganador se
llevaría la ofrenda de oro que habían preparado.
Al día siguiente, se presentaron con
la Malinche, quien al ver la gran cantidad de mexicas presentes decidió llamar
a Hernán, éste no tuvo más remedio que aceptar la propuesta del pueblo. Además,
sonaba atractiva la idea de ganar el torneo, quedarse con la tierra y llevarse
el oro que tanto había buscado.
Comenzó la aventura y durante varios
días organizaron actividades representativas de ambas culturas. Al final de
cada tarde, el Desconsiderado comenzaba a volverse cortés y se enamoraba de una
cultura, completamente, distinta a la suya.
Justo antes de celebrar el gran
Torneo, Cortés decidió revelar la verdad respecto a su origen y aquello de ser
el Solucionador. Sin embargo, sin darse cuenta, ambas culturas habían
compartido diversas técnicas para obtener alimentos, realizar vestimentas y
escribir poesía. Al final, la comida ya no hacía falta y la diversidad los
había enriquecido.
El Torneo se llevaría a cabo, pero invitarían
a los Julios para reforzar a las fuerzas básicas de los Desconsiderados.
Disfrutaron del juego de pelota y al terminar, la expedición del ahora llamado
Hernán “Cortés” había llegado a su fin. Se despidieron con bombo y platillo,
esta vez sabiendo quién era quién, y acordaron compartir (por las 400 voces)
todos y cada uno de los secretos que fueran descubriendo, para que ambas
civilizaciones crecieran en tolerancia y disfrutaran de sus diferencias.