martes, 26 de julio de 2016

La abuela se está yendo.

La abuela se está yendo, hace años que lo anuncia. Después de los 95 que lleva por estos rumbos, es casi inevitable el egoísmo de querer perpetuar su estancia.
La abuela se está yendo, me contaron el otro día. No termino de creerlo, es lo más cercano que conozco a la inmortalidad humana.
La abuela se está yendo, y yo que no termino de quedarme acabé por verla a la distancia.
La abuela se está yendo, lo vi en los surcos morados bajo sus ojos, en el esfuerzo sobrehumano para inhalar y exhalar lo que queda de aire. En su voz entrecortada para regalarme un “yo también”.
La abuela se está yendo y yo quisiera que me espere, pero basta de mis tiempos. Que sean los suyos y los de Él, que descanse ella y no yo.
Mi abuela se está yendo, como la noche en que nació mi madre y caminó hasta el hospital. Mi abuela siempre ha sabido irse y ha decidido quedarse.
Mi abuela está cansada y yo quiero que descanse.
No me esperes si es preciso, que ya sé que estás por irte.
Mi abuela, me presentó dos abuelas, la de antes y después de la partida de mi abuelo. Las voy a extrañar a ambas.
Su corazón se detuvo un momento y lo obligaron a latir de nuevo, quisiera entregarte en paz, sin torturas, pero no me corresponde.

Mi abuela se está yendo y no tengo más remedio que abrazarla a la distancia y esperar un hasta luego.

lunes, 25 de julio de 2016

LA EXPEDICIÓN

La aplastante expedición de Hernán “el Desconsiderado”, un barbón de mal carácter y de acento extraño, se apresuraba a recorrer largos caminos hasta llegar a la gran Tenochti. “El desconsiderado”, venía ya de conquistar tierras y... acompañado de un hermosa mujer a la que le decían “la Malinche".
La gran Tenochti era habitada por los mexicas, un grupo muy peculiar, con una cultura rica y tradiciones abundantes.
Cuenta la leyenda que vivían sobre una masa de agua. Sí, como flotando. Se dedicaban a cultivar la tierra con maíz, chile, frijol y calabaza. Les gustaban las vestimentas con abundantes plumas y se divertían jugando a la pelota en el tradicional Torneo de la TBA (Asociación de Balonjuegodepelota de Tenochti), celebrado anualmente y presidido por el Toani (máxima autoridad de la ciudad). El Torneo era esperado durante largos meses por el pueblo mexica y esperaban, con singular alegría, la llegada del equipo visitante “los Julios”, vecinos que viajaban del pasado exclusivamente para luchar por la gran ofrenda en juego.
 Aunque había ciertos ajustes que realizar en cuanto al tipo de ofrendas que les gustaban y el trono del Toani heredado por generaciones, en general, los mexicas se las arreglaban bastante bien organizándose como pueblo.
Sólo había una cosa que los alegraba más que el mísmisimo Torneo, era la llegada de un Ser distinto a ellos, imponente  y de rasgos particulares (al menos así lo imaginaban), era el mísmisimo poseedor de la solución ante la falta de alimentos que les azotaba en los últimos años, debido a la escasez de lluvia.
La vida iba normal en Tenochti, aunque faltaba poco para el Torneo y la emoción se empezaba a hacer presente. Los pobladores, hombres y mujeres, sembraban, mientras los niños jugaban y leían poesía o escuchaban el canto del zenzontle (un pájaro de 400 voces que los visitaba de vez en cuando y los deleitaba con sus tantos mensajes).
Una mañana, el Zenzontle voló más rápido que de costumbre y advirtió a toda Tenochti de la llegada de un personaje extraño que se aproximaba cada vez más a sus tierras.
Los pobladores sintieron temor, pero al ver llegar a Hernán “El desconsiderado”, quisieron pensar que se trataba del Ser solucionador a los problemas de comida, así que lo recibieron con bombo y platillo y festejaron su llegada. Hernán, aunque un poco confundido al principio, no tardó en darse cuenta de lo que pasaba y quiso sacar provecho. Comenzó a desplazar a Toani, prohibió la poesía y cualquier costumbre distinta a las que él tenía. Finalmente, al enterarse del juego de pelota, decidió cancelar el Torneo.
El pueblo tenía más hambre que antes y estaba, profundamente, sometido en la tristeza de quedarse sin sus tradiciones. “La Malinche” quien se parecía más a los mexicas que al Desconsiderado, se había encargado de orientar a Hernán en sus malévolos planes.
Un buen día, un joven de ideas revolucionarias llamado Témoc decidió presentarse, personalmente, ante la nueva y desconsiderada autoridad y plantearle la posibilidad de recuperar sus tradiciones. Hernán consideró esto un atrevimiento y mandó un mensaje apabullador para este joven y cualquiera que decidiera continuar con sus ideas.
Así fue como Témoc se armó de valor, juntó clandestinamente al pueblo y acordaron presentarse todos ante Hernán para exigir que cesara la represión. Entre las exigencias estaban: embarcarse en una aventura de conocimiento cultural mutuo y finalizar ésta con el Torneo de Juego de pelota en el que participarían Hernán y su ejército. Al final el ganador se llevaría la ofrenda de oro que habían preparado.
Al día siguiente, se presentaron con la Malinche, quien al ver la gran cantidad de mexicas presentes decidió llamar a Hernán, éste no tuvo más remedio que aceptar la propuesta del pueblo. Además, sonaba atractiva la idea de ganar el torneo, quedarse con la tierra y llevarse el oro que tanto había buscado.
Comenzó la aventura y durante varios días organizaron actividades representativas de ambas culturas. Al final de cada tarde, el Desconsiderado comenzaba a volverse cortés y se enamoraba de una cultura, completamente, distinta a la suya.
Justo antes de celebrar el gran Torneo, Cortés decidió revelar la verdad respecto a su origen y aquello de ser el Solucionador. Sin embargo, sin darse cuenta, ambas culturas habían compartido diversas técnicas para obtener alimentos, realizar vestimentas y escribir poesía. Al final, la comida ya no hacía falta y la diversidad los había enriquecido.
El Torneo se llevaría a cabo, pero invitarían a los Julios para reforzar a las fuerzas básicas de los Desconsiderados. Disfrutaron del juego de pelota y al terminar, la expedición del ahora llamado Hernán “Cortés” había llegado a su fin. Se despidieron con bombo y platillo, esta vez sabiendo quién era quién, y acordaron compartir (por las 400 voces) todos y cada uno de los secretos que fueran descubriendo, para que ambas civilizaciones crecieran en tolerancia y disfrutaran de sus diferencias.



sábado, 23 de julio de 2016

Nota de refrigerador

Estoy cansada, de ti, de tus planes en los que no existo. Cansada de tu futuro, malditamente, imaginario. Cansada de tu superioridad soñada, de tus logros insignificantes para el humano que se supone construyes. Cansada de que hayas logrado deshacerte de lo poco que me mantenía unida a tu vida. De no ser nada, de la fragilidad, de tu coraje, de tu malhumor tan contagioso. Estoy cansada de los días sin compañía, del frío que vive en ese lugar al que le llamas casa. Exhausta  de no decidir, de no decir y de intentar tampoco sentir. Cansada de que el corazón lata, como doliendo, cada que le hago frente a nuestros, míos y tuyos, días. Ha perdido sentido compartir, ya no sé hacerlo. No hay tiempo de sonreír juntos y éste continúa pasando. Estoy cansada de perder los minutos, las horas, los días diciéndome con alguien cuando estoy tan sola. Quédate con tus logros y déjame con mis planes que empiezan ésta y todas las noches. Quédate con tu egoísmo y déjame vivir de sueños, los que se roban el tuyo y te ponen tan de malas. Haz lo tuyo, mientras yo hago lo mío, lo abandonado, lo que ya me cansé de dejar de lado. Róbale los días y las noches a alguien con maestría en esperar para ser amada o medio satisfecha con regalos que nunca llenarán vacíos ni pagarán con tiempo. Llévate contigo, no me dejes nada. No soporto el roce de tu indiferencia y tus nulas ganas de rescatar esto que no tiene ni la mitad de remedio. Que seas feliz, si aún recuerdas cómo se hace. Yo voy a hacer lo mismo.


Cansada de que ignores tu fortuna.
Cansada de ignorar mi desgracia.


¿Recuerdas la nada? Ahí estabas cuando te encontré. Aquí me dejaste.

Alguna vez me enamoré de la frase: “mi corazón perverso se ha calmado”. Ahora agregaría: “…y viceversa”.


Imperativo


Ve, prepárate, demuestra que eres el mejor y créelo. Sonríe y disfruta el día, que pase el tiempo. Después, vuelve a mi encuentro, ya no estaré, habré empezado a construir lo que esperaba hacer contigo. Llora, reclama, aprende, olvida lo que creíste.

No sé

Yo no sabía hablar, ese día no sabía caminar, ni levantarme de la cama.
Olvidé cómo es que uno se pone de pie y toma una ducha, cómo se cambia la ropa con olor a noche y a días de calor entre cobijas.
Yo no sabía comer, ni respirar de manera adecuada. Se me acabó el automatismo persistente.
Me olvidé de sonreír y procurar el bienestar de los míos.
Ese día no sabía más que el camino de la cama al sillón y del sillón a la cama, sin zapatos, con un calcetín que aumentó de talla mientras yo dormía.
No sé de ti, no sé de mí. Ese día no me encuentro en ningún lado. Abro y cierro la puerta del refrigerador como buscándome. No hay nada atractivo ahí dentro, tal vez por eso espero encontrarme.
No siento frío o calor suficiente, no veo bien, tampoco mal.
Esos días no existe un mundo fuera de mi casa, no existe casa. No llega ningún abrazo. Dios está ahí y yo me encargo de pintarlo transparente, me habla, y bajo su volumen mientras le ruego que se manifieste en alguna o en todas las formas.

Estos días el café me sabe a medicina, la noche me sabe a inconstantes momentos de intentar dormir, de no mojar la almohada, noche de intentos fallidos. Mañana de intentar levantarme y a la vez desear seguir durmiendo. El sueño anestesia, el sueño es digno de ser amado, es grato compañero en cada minuto en que se aparece. A veces llega para quedarse por largas horas o todo un día. Otras veces, pasan los días y no recuerda cómo llegar hasta mi cuarto, no me conoce o se le olvido.

Carta a papá.

...pero es necesario decir lo que sentimos a buen tiempo. Contigo no lo hago tan seguido, porque siempre he creído que logro transmitírtelo.
Quiero que sepas que te admiro, que cuando digo que eres el mejor papá del mundo es porque estoy segura de que así es. Nadie tendría con qué demostrarme lo contrario.
Quiero decirte que me enseñas cosas, aún sin pretenderlo. Que aprendí a ser buena amiga porque te vi querer a mi padrino como a un hermano; y sé amar a mis hermanos porque tú amas a los tuyos. Que tengo pasiones en la vida porque vengo de un apasionado. Que amo a Dios y a los otros, porque así te vi amarlo, en cada uno, desde el pequeño hasta el grande, con o sin motivos.
Que me enseñaste a equivocarme y a pedir perdón cuando te vi hacerlo. Que también quiero cambiar el mundo porque te vi bajar del carro a media carretera para salvar a alguien. Que me gusta la justicia, porque siempre has sido amante de las causas justas. Que cuando tropiezo y cuando dudo, se me pasa el miedo con saber que estás ahí, con la respuesta correcta o esa voz que me calma.
Quiero decirte que me tienes cerca, aunque lejos. Que para mí sería un honor ser también la causa de una que otra de tus alegrías.
Deberías saber que has hecho personas que, si no lo logran, intentarán aportar algo. Que cada día que te despiertas el mundo se vuelve un mejor lugar. Que me gustan tus frases y chistes clásicos que arrastramos de mi infancia. Que amo verte reír y sentir que estás feliz en algún lugar. Que agradezco hayas resuelto los problemas en los que no hallábamos respuesta.
Te quedo debiendo abrazos, para demostrar que no te suelto. No me sueltes tampoco y no dejes de enseñarme.
Ponte feliz, que me pone feliz saberte contento. Sé que te cansa cargarnos, porque siempre descansamos en ti. Detente, descansa un rato y déjanos llevarte también un tiempo.

Te quiero, papá. Gracias a Dios por ti.