La abuela
se está yendo, hace años que lo anuncia. Después de los 95 que lleva por estos
rumbos, es casi inevitable el egoísmo de querer perpetuar su estancia.
La abuela
se está yendo, me contaron el otro día. No termino de creerlo, es lo más
cercano que conozco a la inmortalidad humana.
La abuela
se está yendo, y yo que no termino de quedarme acabé por verla a la distancia.
La abuela
se está yendo, lo vi en los surcos morados bajo sus ojos, en el esfuerzo
sobrehumano para inhalar y exhalar lo que queda de aire. En su voz entrecortada
para regalarme un “yo también”.
La abuela
se está yendo y yo quisiera que me espere, pero basta de mis tiempos. Que sean
los suyos y los de Él, que descanse ella y no yo.
Mi abuela
se está yendo, como la noche en que nació mi madre y caminó hasta el hospital.
Mi abuela siempre ha sabido irse y ha decidido quedarse.
Mi abuela
está cansada y yo quiero que descanse.
No me
esperes si es preciso, que ya sé que estás por irte.
Mi abuela,
me presentó dos abuelas, la de antes y después de la partida de mi abuelo. Las
voy a extrañar a ambas.
Su corazón
se detuvo un momento y lo obligaron a latir de nuevo, quisiera entregarte en
paz, sin torturas, pero no me corresponde.
Mi abuela
se está yendo y no tengo más remedio que abrazarla a la distancia y esperar un
hasta luego.
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