martes, 26 de julio de 2016

La abuela se está yendo.

La abuela se está yendo, hace años que lo anuncia. Después de los 95 que lleva por estos rumbos, es casi inevitable el egoísmo de querer perpetuar su estancia.
La abuela se está yendo, me contaron el otro día. No termino de creerlo, es lo más cercano que conozco a la inmortalidad humana.
La abuela se está yendo, y yo que no termino de quedarme acabé por verla a la distancia.
La abuela se está yendo, lo vi en los surcos morados bajo sus ojos, en el esfuerzo sobrehumano para inhalar y exhalar lo que queda de aire. En su voz entrecortada para regalarme un “yo también”.
La abuela se está yendo y yo quisiera que me espere, pero basta de mis tiempos. Que sean los suyos y los de Él, que descanse ella y no yo.
Mi abuela se está yendo, como la noche en que nació mi madre y caminó hasta el hospital. Mi abuela siempre ha sabido irse y ha decidido quedarse.
Mi abuela está cansada y yo quiero que descanse.
No me esperes si es preciso, que ya sé que estás por irte.
Mi abuela, me presentó dos abuelas, la de antes y después de la partida de mi abuelo. Las voy a extrañar a ambas.
Su corazón se detuvo un momento y lo obligaron a latir de nuevo, quisiera entregarte en paz, sin torturas, pero no me corresponde.

Mi abuela se está yendo y no tengo más remedio que abrazarla a la distancia y esperar un hasta luego.

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