domingo, 25 de noviembre de 2018

Antiguos desencuentros.




Mi nombre encabezaría, sin duda, la lista de defectos. Me abundan y superan.

Tú allá y yo aquí, así funciona. La propuesta iba encaminada por esos rumbos.
No quiero describirte porque sería injusta, nos parecemos más de lo que me gustaría. Con diferentes debilidades y pasiones radicalmente opuestas.
Así que, tomando riesgos, te voy a hablar de mí. Soy egoísta, desleal, infiel (aunque redunde), mentirosa, depresiva y deprimente, vengativa, audaz y rencorosa de memoria corta. En ocasiones vivo para otros y pocas veces para mí. 
Suelo encontrarme con gente que no sabe irse, que se queda para ocuparme los días en imaginarlos bien. Lo anterior aplica para amistades, noviazgos, amantes, familia, colegas, vecinos y personas-coincidencia.
Contigo no es así. Tú debías ser una "simple coincidencia", porque no sabes quedarte, y no terminas de irte. 
Tengo el presentimiento de que hace tiempo ya no habrías aparecido, pero la curiosidad del tiempo muerto me pone ahí.
Estoy siempre presente, no es personal. No sé quedar mal, no me gusta. No puedo decir un "no" fundamentado en rencores infantiles de negativas acumuladas. Si quiero estar cerca, simplemente lo hago, no hay lugar para méritos ni condicionamiento clásico.
Lo tuyo, lo de las barreras, lo del yo esporádico, la afirmación de tu ser. Puedo enunciarte, pero no entenderte.
Eres ocasional, así te gusta. Cuando tú quieres, porque tú quieres y lo que quieres. No está mal.
Digamos que tus defectos siguen sin combinar con los míos. Yo quiero arruinar las cosas de diferentes maneras a las tuyas.
A mí me gusta, si bien no quedarme, dejar una parte de mí por donde paso. Tocar, marcar, no pasar de largo. A ti te gusta pasar de largo.
Algo extraño pasa, porque tu "yo" cercano se percibe distinto, en lucha constante, pero distinto.
Da igual, tú eres también el que está lejos el otro 90%. No me gustan los números en una carta, porque son fríos, pero combinan contigo y eso les da cabida por aquí.
La propuesta era igual de lejana, con un ganar ganar, digno de alguien a quien le interesa aquello de la satisfacción de necesidades materiales humanas.
No hay sentido, sólo el tuyo en una dirección y el mío en una completamente opuesta.
Eras una coincidencia buena, que por algún motivo lograba efectos positivos, casi pueriles, en mí.
Siempre termino escribiéndote lo mismo, con palabras más o menos iguales, pero eres consciente de que esto se hace por el placer de deshacerse de lo que no se quiere llevar dentro.
Te has negado rotundamente a ser mi amigo, porque presumes de no conservar amistades más allá de lo necesario.
No sé si debería encontrarte por la calle y saludarte desde lejos como un extraño-conocido. No sé qué se supone, ni me gustaría hacerlo.
Me desentiendo más bien, porque también sé hacerlo. 
Tú sólo piensas en ti, eso nos asemeja en algo.
Creo que algún día, alguien agradecerá que te haya contado esto.


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