lunes, 31 de enero de 2011

DÍA 24

La vida sigue estando donde la dejé, los veo bonitos y contentos; me da gusto del bueno. Nos vamos con rumbo a una universidad politécnica cercana, donde el padre Justin celebraría una misa, casi cien jóvenes están reunidos en algo parecido a un anfiteatro. La homilía transcurre maratónica, como ya es costumbre. Aún intento convencerlo de celebrar algo con duración menor a las dos horas. No lo consigo.
Después de la comida es hora y día de la visita al mes de los postulantes. Muchos de ellos no reciben ni una, dicen que es por las distancias. No podía imaginarme tener a mi hijo a unas cuantas horas y no recorrerlas para verlo una vez al mes. Es otro mundo.
Mientras algunos reciben visitas, nosotros pelamos papas con los demás, las manos se te pintan de café, hay dos baldes llenos de pequeñas papitas, y mientras se van vaciando, las vidas se van compartiendo, algunos cuentan su historia, sus inseguridades, la manera en que eligieron este tipo de vida.
Pascal, el pequeñito, nos pide que seamos sus visitas. Así lo hacemos, nos lleva formalmente a la salita de visitas, donde nos platicamos, parece un interrogatorio… haciendo preguntas unos a otros.
Creo que recibí la primera propuesta de matrimonio o un connato de. Les molesta saber que no quiero quedarme aquí a vivir, que quiero volver a mi país. No entiendo bien qué es lo que intentan decirnos, se rascan la cabeza y preguntan: “¿Por qué, por qué?”.
Voy por un momento a mi cuarto, una niña se acerca y ve todo a su alrededor, pregunta sobre cada cosa. Decidimos salir a caminar, Alex nos acompaña y tenemos nuestro momento de platicar también con él, dice que espera a unos amigos, pero nunca aparecen. Al final nos hemos reunido todos en la banca frente al panteón, los niños bailan, la misma niña tímida del cuarto muestra todas sus dotes artísticas, ya quiero que me enseñe algo. Y se mueve y nos movemos. Nuestros insípidos movimientos de caballo dorado no parecen suficientes, hay que agarrarle sabor al arte.
Nos vamos conociendo más, vamos tomando confianza y hacia el fondo del panteón alcanzo a ver al sol meterse, me da esperanza.
Después de la cena, algo me emociona y chiflo como acostumbro, jalando mi labio inferior. Se ríen, enseño a Moses a decir: “no seas ñera”, cómo me divierto con el español. Después tuve una clase de chiflidos, tenía a Andrea, Justin y Moses intentando aprender a hacerlo a mi manera, fue chistoso jalonearles la barbilla, al final han logrado al menos un ligero silbido y nos alegramos la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario