El agua sigue fría y sigo despertando en Yaoundé, hemos desayunado con Mariano y ha sido la fiesta parroquial a eso de las diez y media, así que hemos llegado a la Paroisse du Bapteme de Jesus, donde la misa es una verdadera fiesta, qué impresión ver la iglesia llena, escuchar ese coro que derrama alegría con cada golpe y grito fuera de lo acostumbrado, la marimba hablaba, al igual que las congas, qué decir de las voces, parecían sacadas de una película, la gente tiene el tono bonito y gigante, no entendía ni una palabra de su frases, pero entendía lo que sentían. Gran parte de la gente lleva un uniforme, hecho con tela mandada a hacer especialmente para la ocasión, de colores llamativos y con el dibujo de la Iglesia, cada uno hace con la tela el diseño que mejor le parece, lo personalizan y le dan su toque. Esta es una costumbre para celebraciones grandes como bodas y funerales, sí, los funerales acá son de las fiestas más grandes, así que la gente suele colarse en ellos cuando quiere divertirse y comer comida gratis.
Sin más ni más, nos hemos perdido entre la gente para oír la misa, el niño de enfrente no ha dejado de mirarnos fijamente, como si algo no le cuadrara, pero no supiera qué; al cabo de unos minutos nos ha dado la mano y a media misa ya me aventaba besos disfrazados. La niña de a un lado ha quedado anonadada por Andrea, la ve, le sonríe y tiene un impresionante flow en cada canto, mueve los hombros, enseñándome los secretos escondidos en el baile que nunca había entendido, a ellos la música los mueve sin preguntar, más de tres se sentirían ofendidos en nuestra cultura al ver a la gente moviéndose así dentro de un templo. Yo jamás había visto tanta fiesta en uno, es la primera cosa que deberíamos importar a nuestra tierra, ese gozo de lo que es una fiesta, esa celebración que no termina con la bendición sino que sigue más allá de la entrada. La hora de la paz me ha encantado, se dan las dos manos y se aprietan con fuerza acompañada por el obligatorio enseñar de dientes, me hubiese gustado dársela al templo entero. A media celebración el padre Mariano ha improvisado un canto en inglés con los feligreses (tal vez con el afán de que sintiéramos que entendíamos algo) que decía algo así como ¨heaven is in my heart¨ y ha sonado como si la supieran desde siempre. Al terminar la misa los niños nos rodeaban y daban la mano, nos decían cosas que por supuesto no entendíamos pero sonreíamos, ellos hacían lo mismo con lo que nosotros les decíamos. Así, en un acuerdo tácito de sonrisas nos hemos tomado fotos y abrazado, para después pasar a la comida.
Nos han colocado alrededor, frente a la mesa, como en un lugar de honor, son momentos difíciles porque uno no debe decir que no a la comida, así que hay que probar cosas interesantes que casi siempre contienen pedazos de pescado frito, hoy hemos probado un arroz blanco con zanahorias, ejotes y un condimento fuerte que le ha dado un sabor como nunca antes. Hay pedazos de raíz envueltos en cáscara de algo y una pasta blanca revuelta con hierbas y pescado, no la entiendo mucho aún.
Después de la comida hemos corrido a casa por nuestras maletas y así tomamos carretera rumbo a Bafia, donde nos encontramos ahora. Durante el camino he venido cabeceando, Mariano y Andrea disfrutan de mi capacidad de convertirme en marioneta, pero al final me he entretenido en el paisaje, que insisten en decir que está seco, aunque yo lo mire verde, verde. Habrá que esperar a la temporada de lluvias o a que ellos conozcan nuestro desierto.
Por la carretera la gente saca sus raíces a secar, al igual que el cacao y las piñas. Pasan intrépidas motos que pitan y empujan, el tráfico sigue siendo muy peculiar. Después de una hora y media de camino hemos llegado a esta ciudad de doscientos mil habitantes aproximadamente, muy pequeña y por lo tanto mejor planeada. La casa escolapia es bonita, hay un salón de usos múltiples donde también se dan misas, acá los niños hablan mejor el inglés y nos han podido saludar mientras juegan futbol. A unos cuatro metros está la escuela primaria y el kínder (las únicas que conocía por fotos del internet), es pequeña y bonita, en construcción, se ve que hay quien ha trabajado duro.
En esta comunidad también tienen un cibercafé, donde además dan clases de computación a jóvenes y adultos. Así que nos han dado nuestros cuartos y hemos podido pasar a la casa de los padres a conectarnos al internet. Da gusto saber de casa.
A las siete hemos salido a cenar a un restaurante donde sirven pescado frito, papas fritas y plátano frito. Ha sido bonito convivir con los padres y juniores, debo empezar a marcar mi inglés de otra manera.
De regreso a casa hemos visto unos locales incendiados hace poco, aquí no hay bomberos, así que han dejado que se extienda y extinga solo. También hemos visto a un hombre tirado, dijeron que era epilepsia, me ha sabido mal que nadie hiciera algo, dicen que es normal por acá, a mí no me lo parece. Llegamos a casa y hemos sido casi perseguidas por los perros salvajes que dicen que tienen, nos divertimos imaginándonos en una película de terror. Hemos vuelto a ponernos en contacto con nuestra tierra, es inevitable extrañarles. Mañana temprano salimos rumbo a Banmendjoun y esperamos pasarla en grande.
Saludos apachurrados y buenas noches.
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