He dormido poco, pero anoche disfruté poniéndome en contacto, hemos tomado un baño, que ya no se siente tan frío, desde mi cuarto puedo oír los cantos en francés, provenientes de la capilla, donde los sacerdotes comienzan a orar por aquello de las seis de la mañana.
Hemos compartido el desayuno una vez más y hoy aprendí que acá las vacas no dan leche, al menos no la necesaria, por lo tanto nadie toma leche fresca. Después de desayunar hemos pasado a los salones de la primaria que se encuentra junto a la casa, otra vez me ha impresionado todo, la gente, los niños, el trabajo conjunto. La primera imagen que me llevo es la de una escuela limpia, en armonía, los niños colaboran con la limpieza, todo está en orden. Al pasar a los tres salones del kínder, que suman casi ciento setenta niños, todos nos han visto fijamente, cada uno en su lugar, escuchando a la maestra atentamente. Puedes verles las caritas limpias, los ojotes grandes, con peinados peculiares, sus mandiles de cuadritos rosas y sus camisas azules, todo en orden otra vez. Acá la educación al año les cuesta unas cuarenta mil libras, el equivalente a ochenta dólares, por lo que el cobro es meramente significativo.
También conocimos los cuatro salones de la primaria, al entrar en el primero una niña ha abierto sus ojitos de manera inimaginable, su boca estaba igual de abierta, hasta sus cabellos peinados han parecido erizarse, no sé qué pensarán al vernos. Hemos cantado y cruzado unas palabras con ellos.
Después del paseo por la primaria hemos ido con Claude a conocer dos secundarias, en las que él da clases, los jóvenes llevan clases de gimnasia descalzos y en una cancha de basquetbol, se ven radiantes con sus uniformes amarillos. La otra es una escuela muy grande, con un patio parecido a una selva o bosque, con algunos edificios abandonados, pues la corrupción hace que se desvíen los fondos destinados a su remodelación.
Al volver a casa hemos conocido las cocinas donde se prepara la comida a los niños de la primaria, uno de los cuartos está completamente oscuro, al fondo sólo pueden verse dos ollas que se calientan sobre leña y es ahí donde kilos y kilos de arroz son cocinados diariamente.
Finalmente hemos tomado nuestras maletas y salido rumbo a Banmendjoun, en la carretera hay una especie de monitos señalando el número de muertos que ha habido en cada curva, además de gente vendiendo monos y castores recién cazados y listos para cocinarse. Durante el camino he cerrado los ojos y a los pocos minutos el movimiento continuo del carro me ha despertado, íbamos por terracería, un camino que no cualquier carro aguantaría, al bajar en la primera escuela del lugar nuestros zapatos han quedado cubiertos de rojo, así es el color de la tierra acá, roja, escandalosa y aferrada a quedarse entre la ropa, huele a gente, a sudor y a aire fresco. Los niños han corrido a saludarnos y les he mostrado el típico saludo de chocar la palma y luego el puño.
Después de saludar a niños y maestros hemos llegado a la casa escolapia de aquí, tienen una iglesia muy bonita, cuya estructura simboliza la forma de dos manos haciendo oración.
Comimos el arroz blanco más bueno que he probado hasta ahora, así como un platillo a base de col y otras verduras, algo de sandia y para cerrar con broche de oro, he tenido que comerme una papaya a cucharadas.
Luego de comer nos encaminamos con Francis (francófono aunque también angloparlante) y Stan (un polaco que no habla ni español, ni inglés) rumbo a una de las capillas (cuyo nombre se pronuncia pchu), que se encuentra como a media hora de casa, el terreno es increíble, finalmente he descubierto el poder de una Land Rover, hemos subido colinas con surcos, piedras y demás obstáculos, podía sentirme en algún juego disneylandiezco. Hemos visto la capilla y caminado por una pequeña vereda, entre la vegetación y algunas vacas. Han sido momentos interesantes, sobre todo por la barrera del lenguaje, pero es que la risa de estos dos personajes es sencillamente contagiosa.
Debimos volver, pues a las cuatro de la tarde unas religiosas (misioneras cruzadas de…) que viven cerca nos habían invitado a pasar por su casa, donde tomamos chocolate, comimos buñuelos y unos plátanos fritos y salados con sabor a papa frita. Ahí conocimos a dos hermanas españolas , tres camerunesas y una proveniente de Guinea Ecuatorial, casi todas han hablado el español.
Al volver a casa el cansancio ya se hacía notar, pero hemos querido aprovechar el tiempo, así que caminamos rumbo al mercado, cuesta arriba, unos minutos, la noche ya se asomaba por lo que hemos tomado un par de fotos y vuelto a casa.
Al volver, la luz se fue por varios minutos así que decidimos ver una película en lo que llegaba la hora de acercarnos a cenar. El sueño me ganó y la campana me ha despertado a unos cuantos minutos.
Esta noche me iré a dormir melancólica, sintiéndome ajena, me encuentro y me pierdo varias veces durante el día.
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