jueves, 17 de febrero de 2011

DÍA 41 Y 42

DÍA 41
Hoy he sentido esa envidia de la buena. Mientras veo a Paula y Borja alejarse rumbo a Menthe tomados de la mano, van compartiendo algo más que una parte de su cuerpo.
Andrea y yo volteamos a vernos, nos desaprobamos y continuamos con la búsqueda del tan aludido hilo negro. Después de entrevistar a Moses y a Emilio al respecto, preparamos nuestra clase con los niños de la casa (los postulantes).
La actitud en el salón de clases ha cambiado, la mía, la de ellos, la nuestra. Están cooperando. Se nos ocurre instalar una serie de juegos que a los niños les encantan, y los ves a ellos tal cual. Emocionados, riéndose también del contacto físico, pero disfrutándolo, quieren entrar en el juego y así lo vamos haciendo.
Después de la comida, hemos recorrido el camino junto de aquel salón grande de la entrada. Tomamos el primer taxi, ahí vamos los cuatro blancos, qué digo cuatro si quedan tres, el color que ha ido tomando mi piel con el paso de los días terminará por darme la nacionalidad camerunés dentro de poco.
Nos separamos en el centro, Paula y Borja van rumbo al hospital de Bamenda, donde les recibiría el enfermero que es también el anestesiólogo, médico y cirujano. Andrea y yo vamos rumbo al International Hotel una vez más, donde nos esperaría Mike. Así fue, es la primera cita a tiempo que tenemos por estos rumbos. La tarde transcurrió chistosa entre el vestíbulo de aquel hotel bañado de madera y el pequeño restaurante a una cuadra, donde la especialidad era también la ensalada y las patatas. Respiramos otro acento, otro inglés, otro humor y otra comida; conocimos a Allino que es más serio que otra cosa. Platicamos y también reímos. Casi al final de la comida he ido en busca de la perdida pareja, a la gente le hacía gracia verme correr entre las calles llenas de tierra y piedras, aquí el tiempo no existe, nadie corre porque nadie tiene prisa. Me inventé mi propio maratón por la manzana sin respuesta. Me encontré de nueva cuenta con Andrea y continuamos nuestra búsqueda. Les hace gracia mi pregunta por la calle: “Have you seen a white couple?” y sueltan la carcajada, yo no entiendo.
Les encontramos, nos abrazamos y caminamos por la calle principal, compartiendo la experiencia de la tarde. Paula y Andrea tienen una competencia de sandeces, buscando siempre superar la una a la otra, nos mantienen riendo sin esforzarse mucho.
Al llegar a casa por la subida alterna, aquella que da justo al palacio Nkwen, está llena de la gente conocida, dos o tres niños con más amor que tiña. Al final del camino está Roden y más adelante Derekk, definitivamente estamos en casa.
La cena transcurría tranquila, hasta que me incorporé en la competencia de sandeces. He dicho una, la mayor, hace tanto que no me ponía colorada y con las ganas de meterme donde fuera. Andrea perdió el aliento, el padre Emilio uno o los dos pulmones, Borja se va riendo sin pensarlo, mientras Paula intenta descifrar lo que ha ocurrido.
Después del ejercicio en el comedor, nos reunimos en la quiete. Se nos fue lo que quedaba, entre el partido de futbol, un debate y mucha risa.

DÍA 42
Por la mañana caminamos rumbo a Menteh, por los caminos ocultos que nacen entre las casas de techos rojos, la gente, la que saluda y la que te observa consternada. Las motos que pitan exigiendo que te hagas a un lado, Paula, Andrea y yo disfrutamos del sol fuerte y la pequeña caminata matutina.
Hoy he aprendido a hacer un biodigestor, quién lo diría, me he emocionado con la pequeña clase que hemos escuchado por accidente dar a Paula. Estoy emocionada quiero producir biogás por la vida. Es sencillo y productivo, el resto de los alumnos se interesan, unos más que otros. A esos otros quiero sacudirles un poquito la cabeza, sobre todo a la que duerme y cabecea a media conferencia.
Antes de entrar en el aula hemos dado otra vuelta por la granja de Menteh (finalmente así se escribe). Estuvimos por el área del estiércol y hemos pasado a ver las camitas de los cerdos. De pronto estamos en medio del pasillo de las cajas, algo pasa, los enormes cerdos comenzaron a alterarse, gemían, lloraban, intentaban salirse empujando los barrotes de madera, todos de pie y salivando, podíamos ver los monumentales hilos de baba espesa cayendo junto a nosotros. De pronto ahí las tres apachurradas en el centro, con una orquesta alterada, se trataba del granjero que tuvo a bien venir a alimentarlos justo en ese momento. Era imposible salir, los cerdos estaban acomodados muy estratégicamente, nos tomamos de la mano y Andrea corrió hasta el fondo, donde debimos permanecer unos diez minutos, hasta que cada uno tuviese su respectiva ración.
Finalmente hemos vuelto a casa junto a Wilfred, con un impresionante rap de fondo, mientras él se contonea de lado a lado mientras maneja. Hoy también he conocido más a Paula, platicamos durante horas sin cansarnos. La clase de francés ha transcurrido lenta (como ya es costumbre), volvemos a casa, continuamos la campaña de liberación femenina, ya somos tres.
Cenamos y salimos los cuatro, rumbo a un bar cercano al palacio Nkwen, apenas bajando la vereda de la casa. Es una especie de techo de madera, cuelgan unas cortinas típicas de por estos rumbos, de esas que anuncian la llegada de cualquiera. Al fondo una televisión de no más de trece pulgadas, exprimiendo al máximo su sistema de sonido. Nos hemos reído casi todo el tiempo, entre palabras discordantes, exámenes médicos auto-exploratorios, consejos y escenas de taxi. Volvemos a casa, tranquilos y frescos. Un buen café que me arrulle como cada noche.

1 comentario:

  1. Me da gusto que andes mas contenta, cuidate, Te quiero mucho. No sé si recibes estos mensajes.

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