sábado, 26 de febrero de 2011

DÍA 49 Y 50

DÍA 49
Hoy he tenido un incidente en el baño, lo escribo para recordarlo y que me lo recuerden, así podrán reírse a la vuelta. Hoy también nos escapamos con Moses (otra vez), las tres consentidas de la casa. Íbamos con destino a una cascada, nos trepamos en el increíble Toyota, negro, pequeñito y bravo, apenas salíamos y llamaron a Moses, una de las señoras de la escuela llevaba a su niño inconsciente que había sido atropellado esta mañana, en el hospital le había dicho que limpiara las heridas y que estaría bien, así, sin más ni más, ni una radiografía o algún estudio a fondo. Ahora estaba de nueva cuenta sumergido en algún sueño, alcanzamos a ver a la madre subiéndolo en el taxi, Moses intentó enterarse pero no lo consiguió, fuimos rumbo aquel primer hospital donde ya no estaban, no supimos más del tema. Cada día se escuchan de muertos y más muertos en accidentes, no me extraña. Ahora voy yo haciendo de copiloto, subimos entre montañas llenas de verde, con pequeños poblados intermedios, casitas de madera y ladrillos rojos, los niños se bañan en cualquier masa de agua, las señoras cargan sus canastos sobre la cabeza y los señores cortan con machetes la maleza. Cada vuelta es una moneda al aire, se te sale el corazón cuando ves aproximarse un carro invadiendo tu carril, sobre la curva. Moses tiene que pitar cada momento, anunciando su presencia. Después de dos horas y media llegamos al lugar, dos hombres se aproximan en una moto y se bajan a la par que nosotros. Sospecho, al contrario, dicen que están ahí para cuidar de los ladrones y que debe pagárseles el servicio, se termina por ceder. La cascada es impresionante, el agua cae a lo lejos con una fuerza increíble, me gustaría poder estar más cerca, pero el olor ya es diferente, la tierra y lo verde del lugar también lo es. Paula y Andrea se sientan en aquella banca ya desvencijada. Se hacen algo parecido a un sándwich, con un jamón que Paula ha traído de su tierra, las frutas saben a gloria, aquella agua de papaya en la botella de “top”, el agua en aquel termo que mi hermana me trajo de su último viaje. Nos retratamos, peleamos, posamos, brincamos, reímos, me gané un nuevo morete y se termina el lapso, debemos volver a casa. El regreso tiene sabor a París, a Menorca, Ibiza, Florencia, sabe a viaje compartido. A la orilla los niños se bañan en calzoncillos o sin ropa, voltean y saludan sonrientes. La gente sigue pasando, la lluvia nos recibe en casa, un aguacero y Andrea y yo nos bañamos, corremos bajo la lluvia, giramos, siento el frío recorrerme por los brazos, cualquiera diría que nos falta algo, que no completamos el veinte, pero es que no sé cuánto tiempo tendrá que pasar para volver a vivirlo. La imagen está casi completa, podría grabar aquella película. Vuelvo a la ducha caliente, un café y el compartir con Fidelis y ese Charles tan aferrado a su boda mexicana.

DÍA 50
Cin-cuen-ta se va diciendo fácil, no lo es. Anoche la casa estuvo llena, un grupo grande de españoles ha llegado acompañado de Mariano, entre ellos figura el aclamado Javier Negro, que curiosamente es más blanco que cualquiera de nosotros, es el provincial y se le ve muy buena gente. Venía también Antonio un padre de familia, Ingeniero de Monte (o algo por el estilo), en una ocasión estuvo viviendo aquí durante un mes con sus hijos y su esposa, compartimos, qué bonito es entendernos. La cena estuvo deliciosa, llena de platos variados, quiero invitarlos a venir cada uno de los días. Al terminar reímos, caímos en el caos de las conversaciones españolas, cada loco con su tema, platicábamos de todo y nada, ya gritábamos unos y otros, hasta que fuimos enviados directito a la cama.
Por la mañana la misa que me gusta, esa que se pasa rapidito, a lo que vamos y fuimos. Después el desayuno, la risa, la despedida y el gesto.
Justo después de salir rumbo a mi cuarto, Fidelis aparece agitando la cortina que avisa el ingreso al territorio mexicano, quiere que traduzca algo para el padre Javier Negro. Que traduzca ¿yo?, la que unos días antes de venir sospechaba sobre la barrera del idioma, sobre si lograría entender y darme a entender. Pues ahí estaba en medio de los dos, uno con el español y algo de francés y Fidelis contestando simplemente en el inglés, quería agradecerle y regalarle una foto de su boda, así es Fidelis como un niño, con la sonrisa sinceramente agradecida. El padre también quedó contento y nos fuimos.
Hoy esperaba a la señora que trenzaría mi cabello, mientras platicaba con un pequeño grupo de tres niños, me observaban y reían, uno tiraba un dulce, se le enlodaba y lo volvía recoger del suelo, le hacía gracia que le dijera que estaba sucio. Lo tallaba en su rayada camiseta y volvía a ponerlo dentro de su boca.
Un pequeño con más pinta de pequeña (ya he aprendido a distinguirlos, no por la ropa ni el peinado, sino por los agujeros de las orejas) se acercaba y tocaba mi mano.
El más pequeño se ha acercado a golpearle la espalda, así que les enseñé la diferencia entre “kiss” y “beat”, les decía que el primero enseñaba más que el segundo. El niño sólo reía y repetía algunas cosas, no debían pasar de los cuatro años, qué podían entenderme. Pero al final le he dado una mano y otra diciendo que cada una contenía un ingrediente distinto, una el beso y otra el golpe, sonriendo tomó la del beso. Tal vez no haya entendido, pero tal vez sí.
Me he pasado la mañana sentada, con la cabeza estrujada, nunca he sido partidaria de las técnicas dolorosas de belleza, ésta ni siquiera implicaba belleza, es más un signo de pertenencia, pero cómo duele. Las señoras entraban y me veían, unas reían y otras simplemente me tocaban la cabeza, dicen que les gusta, su risa me lo ponía en duda.
Comida, lectura y mercado. Recorremos ya las calles conocidas, el arte del regateo es propio, los pasillos repletos, la música que revienta tímpanos y el taxi que en realidad no es taxi. Llegamos a casa, no hay luz, y vuelve y se va, oramos, cenamos, discutimos, reímos y en algún momento habremos de irnos a la cama.

1 comentario:

  1. Todos tus escritos son una enseñanza para mí,la vida ahí no se vé fácil,todo el día pido por ustedes. Qué DIOS las bendiga.

    ResponderEliminar