martes, 1 de febrero de 2011

DÍA 26

Ya va empezando Febrero y es que viéndolo así, el tiempo se ha ido rápido, pareciera que fue ayer cuando cantaba en casa de mi tía rodeada por la familia para celebrar el año nuevo. Ha pasado un mes, mes en el que me encuentro más lejos que nunca de casa, un mes que en kilos representa varios, en aprendizaje y crecimiento representa otro tanto. Es un mes diferente, presiento que nunca habrá de nuevo un Enero como éste que ya está pasando, he conocido más lugares y gente que tal vez en cualquier otro año, he pisado más tierra roja de la que pude imaginar, he sido abrazada por las piernas por innumerable cantidad de niños, he sido considerada religiosa como nunca antes en mi vida, he comido menos que nunca y tomado más café que el de costumbre, he extrañado como pocas veces lo había hecho, he llorado como hacía mucho no lo hacía, he saludado a cuanto extraño se aparece en mi camino, he hablado más inglés que el que pude acumular en mis veintitrés años, me he reído, me he caído y levantado, pero sobre todo me he asombrado.
Es precisamente ese asombro que llegó en el mes de Enero, el que me llevará de ahora en adelante a ser lo que termine por ser.
Este mes ha sido por mucho el más difícil de los tiempos, pero a la vez el más redituable en todos los sentidos. He recibido más de lo que he dado. Ya he discutido y por poco enloquecido.
Ha habido días en los que quiero tirar la toalla y volver a casa, hay otros como el de ayer en los que me siento plena, hay algunos en los que sólo necesito un abrazo y pienso en papá al que nunca abrazo en casa y desearía tenerle aquí con sus cuidados. Hace falta un buen amigo que te cuide, que te lleve, que te traiga, que sonría contigo, que te aguante y que lo aguantes. Hace falta el guacamole, las tostadas de “las brasas” y la comida de casa. Me hacen falta mis hermanos, mi mamá, mi abuela y hasta el perro. Me falta mucho pero me sobra más y es que estoy segura que de no estar aquí me harían falta muchas cosas con el paso de los años.
Cada día me descubro más, nos descubrimos. Apenas esta mañana discutía acaloradamente con alguien, esta misma tarde recibimos la disculpa más sincera que he escuchado. Al venir acá alguien me hizo la petición de cambiar algunas cosas, hoy se ha dado, hoy hay alguien que es distinto.
Las cosas se van acomodando, la estatuilla ha vuelto a detener la puerta, la conversación en la mesa ha vuelto a ser la de siempre. Hoy he impresionado a alguien al sentarme como nos enseñan a sentarnos en el piso, con los pies debajo de la rodilla contraria, como siempre. Asombrar con lo más simple a mí me asombra, de pronto te creen budista o en un estado mayor de meditación.
Enero me asombró, espero Febrero me haga lo mismo.

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